Jue, 07/28/2016 - 12:49
Por eso Colombia no tributa, sino que Tribruta. Porque siempre terminan pagando más los que menos tienen. ¡Qué viva la paz!
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Foto: Especial para www.90minutos.co

De la misma forma en la que un hijo codicioso y miserable pide a su padre la herencia antes de que éste se muera, ahora resulta que los padres de la patria trabajan en otra reforma tributaria donde el Estado actuará de forma similar con los vapuleados contribuyentes. En el acto de insensibilidad más absoluta -si la tal reforma sale avante-, comenzarán a declarar personas que ganen poco más de un millón de pesos. Al paso que vamos, terminarán por gravar el salario mínimo y hasta el rebusque. Y seguirán sin tocarse los cacaos.

        El argumento para tal despropósito es el hueco fiscal. Ese agujero negro que no se llena con nada. Ese monstruo insaciable que tiene otra jeta por la que además defeca la más grande desgracia nacional: la corrupción. La ecuación es muy simple. El hueco fiscal es de treinta billones de pesos. Si la Dian recaudara la mitad de lo que se evade y elude en impuestos, sesenta billones de pesos, lograría taparlo. Así, en matemática simple, se solucionaría el problema. Pero claro, ello supondría tocar a los intocables, que a diferencia de la legendaria película que protagonizaran entre otros Kevin Costner, Sean Connery y Andy García, no son paladines de la justicia.

        Una situación que obedece a dos factores determinantes que gobierno y sociedad saben y comparten. Se suben los impuestos porque se evaden y eluden los impuestos. No se declara lo que es, porque para qué, si en Colombia se roban la plata de los impuestos. Es un doble juego. Una doble moral. El valor comercial de todo siempre dista del valor declarado. No importa si es un carro o un apartamento. Si es el sueldo o una ganancia ocasional. La cuestión, es que quienes más evaden y eluden impuestos pues son los que más dinero tienen. Los grandes contribuyentes. Qué puede declarar Juan Pueblo que a duras penas sobrevive y declara a gritos: ¡No más impuestos!

        Ejemplos de evasión fueron los Panana Papers, los papeles de Panamá. Una buena cantidad de dinero, propiedades, empresas y negocios, que figuran en el país vecino para no tributar en Colombia. Y qué pasó, nada. O casi nada. Y eso que la firma asesora era una de las menos reconocidas y prestantes. Es decir, manejaba cuentas pequeñas. De ricos no tan ricos. Prueba lo anterior que en el listado aparecían varios periodistas. Mejor dicho, como dijo Pablo Escobar cuando acumuló su primer millón de dólares: “Yo estoy aterrado de lo pobres que son los ricos de Medellín”.

        Porque para evadir y eludir impuestos se necesitan dos cosas: tener plata y pagar buenos abogados. Firmas especializadas en el esguince a las responsabilidades tributarias. Bufetes de abogados encargados de comerse la ley para que sus clientes no paguen lo justo.

Los ejemplos abundan: en Cartagena y Santa Marta hay por lo menos quince mil yates anclados (atracados me parece un término indelicado) en sus muelles. Todos, de las más prestantes familias nacionales. Todos matriculados en Panamá, para no pagar impuestos en Colombia. En Bogotá figuran casas cuyo costo oscila entre los $1.500 y los $2.500 millones de pesos, donde operan fundaciones de carácter social que favorecen -léalo despacio- a una sola familia. Cuando no es que son sede de alguna iglesia de tantas, que por pura fe, no paga impuestos y tiene sedes también en Miami. Un buen número de universidades son fundaciones o cooperativas o corporaciones que cumplen una encomiable labor social, educan. Digamos, que sí. Y cobran por ello, pero no pagan impuestos. Al menos, no los que debieran. Y Carlos Vives y Shakira y Juanes y James Rodriguez y muchas otras figuras del espectáculo y el deporte, tienen sus propias fundaciones, para entrar al país el dinero que ganan a raudales y adivinen qué, no pagar impuestos. O reducir su volumen. Y grandes almacenes de cadena ubican alcancías en sus cajas para que el cliente haga donaciones solidarias y con ello quedan lo más de bien y a que ni se imaginan, no pagan impuestos o logran exenciones por ser tan caritativos y de buen corazón. Con la plata de sus clientes, valga la claridad.

De los contrabandistas ni hablar, su razón de ser es no pagar impuestos. Pero es inevitable no citar esta perla. Ahora resulta que Colombia es un país de mochos. De personas a las que le falta un pie o una pierna. Al país ingresan millones de zapatos impares que son declarados como saldo. Y la Dian -siempre tan ingenua dirán los ingenuos- deja pasar esos millones de quimbas nonas. Es cierto que las minas antipersona, vulgarmente llamadas quiebra-patas, hicieron estragos, pero de ahí a que haya tanta demanda de un solo riel. Imposible. La vuelta es sencilla: por Buenaventura entran los derechos y por Cartagena los izquierdos. O viceversa, igual el torcido ya está hecho y Colombia inundada de zapatos extranjeros. Y la producción nacional ahogada, porque no puede competir con sus precios. Y pagando impuestos.

Por eso Colombia no tributa, sino que Tribruta. Porque siempre terminan pagando más los que menos tienen. ¡Qué viva la paz!