Mié, 06/03/2015 - 08:32
El fútbol es una fiesta, una alegría que nos hace olvidar por momentos la crueldad de la guerra, de la violencia en las esquinas, de los homicidios diarios y nos hace soñar con una ciudad y un país en paz, un país que sobresale por el ‘perrenque’ de su gente y por el talento de nuestros jóvenes, ya sean artistas, futbolistas o grandes intelectuales.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Debo aceptarlo: no soy hincha del Cali, soy seguidora. No soy de la que va a los estadios o me veo todos los partidos o me sé el nombre de todos los jugadores; por eso no puedo mal llamarme hincha. Pero la campaña que hicieron estos jóvenes fue realmente emocionante.

Me vi los últimos partidos y tengo claro que la perseverancia, las ganas y el corazón, triunfaron sobre la experiencia y el recorrido de los demás equipos.

Y eso le faltaba hace mucho al Deportivo Cali. Jugadores que dejaran el alma y las piernas en la cancha. Estos canteranos quieren abrirse paso entre los grandes jugadores y, además del talento, la dedicación, el esfuerzo y el sentir la camiseta, tal como lo están haciendo, los va a llevar a ese sueño de título.

Me emociona que hoy estemos nuevamente en la final del torneo colombiano.

Ahora bien, no soy partidaria de las malas celebraciones del fútbol. Le digo no al exceso de licor, no a ingresar al estadio o a los bares con armas de cualquier tipo, no a la intolerancia. Me da tristeza ver que los jóvenes se maten por el color de una camiseta, envés de compartir esa pasión, entender al otro, saber que no todos tenemos los mismos gustos y eso es lo que nos hace humanos.

¿Por qué no aceptar que el otro piensa diferente a mí y eso no lo hace mi enemigo? Ni los técnicos ni los jugadores y mucho menos sus familias quieren esto para la juventud. Ellos no merecen sufrir el dolor de perder a un ser querido y menos por algo tan absurdo como un equipo.

El fútbol es una fiesta, una alegría que nos hace olvidar por momentos la crueldad de la guerra, de la violencia en las esquinas, de los homicidios diarios y nos hace soñar con una ciudad y un país en paz, un país que sobresale por el ‘perrenque’ de su gente y por el talento de nuestros jóvenes, ya sean artistas, futbolistas o grandes intelectuales.

Por eso hoy mi invitación es a que disfrutemos este partido. Sin armas, sin intolerancia, sin violencia. Me gustaría creer que eso es posible y que independientemente del resultado – ojalá nos favorezca – vivamos y sintamos la alegría de lo hermoso del fútbol en paz.