Mié, 06/10/2015 - 08:49
Muchos se rasgan las vestiduras reclamando algo que no es suyo y pidiendo a través de quienes sí son vulnerables y no tienen nada.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Es claro que los habitantes que viven en el Jarillón del río Cauca deben salir de ahí. El riesgo es inminente y sus vidas corren peligro. El problema es ¿cómo garantizarles a todos, los que realmente necesitan, una vida digna después de desocupar?

No nos digamos mentiras, quienes dicen ser dueños de los predios –  que en su gran mayoría nunca vivieron ahí -  y que alegan no haber sido tenidos en cuenta en el censo no lo necesitan. Se apropiaron de unos terrenos del municipio, arrendaron algo que no era suyo y pusieron en riesgo a cientos de familias que no tenían a dónde más ir. Convirtieron la necesidad y el riesgo en un negocio, mientras ellos tranquilos vivían en cualquier otra parte de la ciudad.

Muchos se rasgan las vestiduras reclamando algo que no es suyo y pidiendo a través de quienes sí son vulnerables y no tienen nada. Las famosas marraneras y demás animales que hay en la zona son grandes negocios que, según datos de la Secretaría de Vivienda, pertenecen a empresarios que no viven allí y que ponen a una de estas familias a cuidar y a defender algo que no es de ellos.

Hoy cientos de personas que aceptaron salir de la zona tienen su apartamento. Es evidente que no es igual de grande que la casa donde vivían en arrendo,  pero no tienen el peligro constante de ser arrasados por el río.

Ahora, deben garantizarles a todos dónde vivir, tener un techo dónde dormir. Ayer en medio de uno de los desalojos, conocí un caso de una señora que tenía a su hijo invidente y la sacaron a la fuerza de su casa. Fue doloroso ver sus lágrimas y escucharla pidiendo ayuda porque no tenía donde pasar la noche con su hijo. A estas personas se les debe dar la atención necesaria, no sé si realizar un nuevo censo o evaluar cada situación, pero hacer algo por ellos y no dejarlos en la calle.

Lo más triste es que muchos aseguran haber sido engañados por los dueños de las viviendas o por los inquilinos anteriores, quienes fueron reubicados en una unidad de vivienda y arrendaron su propiedad en el Jarillón, a pesar de saber que la iban a tumbar. ¿Por qué se aprovechan de la necesidad de la gente? ¿Por qué hay personas tan deshonestas?

Aunque hay otros casos en los que las familias ven las casas desocupadas y deciden invadirlas para obtener algún beneficio. Aquí hay de todo.

Lo cierto es que las personas que habitan estas zonas deben entender que su vida está en riesgo y que así como no ha pasado nada a lo largo de los años, en cualquier momento puede ocurrir una tragedia. La Administración Municipal debe garantizar condiciones dignas a todas estas familias, que además de una vivienda, necesitan un sustento y un acompañamiento para sobrevivir. Pero que quede claro que: el riesgo no debería ser un negocio.