Mar, 10/06/2015 - 10:58
Creo que más allá de los problemas de movilidad, uno de los grandes inconvenientes es que el caleño es perezoso y no se preocupa por conocer lo que pasa en su ciudad, pero cuando se sorprende, la culpa la tienen los demás.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Por primera vez me saldré del tema deportivo, lo que normalmente digo que escribo, para hablar de algo que esta semana me tiene sorprendido y molesto. Mi ciudad, mi gente.

Es claro que la capital del Valle está enmarcada en una serie de crisis que, de unos meses para acá, ha tenido que asumir y lo ha puesto en el ojo del huracán, especialmente a la administración saliente.

Una de esas crisis, donde también se encuentran encerrada la violencia, la crisis del agua y los incendios forestales; es una que muchos, porque me toca a mí también, sufrimos cada mañana o cada tarde, la movilidad.

Los grandes trancones y las pocas vías de acceso que tienen los caleños para transitar dentro de la ciudad, siguen siendo el pan de cada día. Cali creció en su población y en su parque automotor, pero sigue teniendo las mismas calles, parece pueblo grande con Mercedes y BMW por sus vías.

Nadie niega los problemas. Nadie niega que la dirigencia de los últimos 20 años de Cali ha sido fría, indolente y sin proyección, y eso, hoy se ve repercutido en la cantidad de problemas que viven los caleños.

Sin embargo, creo empezar a convencerme de algo que no he querido entender. El caleño es un acomodado, perezoso e ignorante. Podría agregarle a la descripción de un caleño que puede llegar a ser ‘bruto’, ya que el diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que alguien a quien se llame así es porque es “Violento, rudo, carente de miramiento y civilidad”; sí, creo que estar convencido que el caleño se volvió así.

Por eso me pregunto si es que el caleño no sabe o se hace. La respuesta también creo que tenerla clara.

No defenderé las medidas que tomó la Secretaría de Tránsito para solucionar los problemas en el sur de la ciudad. El señor Hadad no es de mis preferencias, pero soy de los que piensa que la medida sí va a servir, si se le da tiempo. Por ahora, la impaciencia hará que se le salga de las manos.

Pero de lo que sí me convenció la medida es de confirmar que al final toda la culpa es del caleño. Entrar en el discurso aburridor y soso de que somos nosotros los que escogemos nuestros mandatarios, todos los saben. El discurso en el que hay que entrar es que el caleño, no le tiene amor a Cali.

Ese cuento de que “soy orgulloso de ser caleño” porque me como un cholado, porque salgo a rumbear a cualquier lugar el fin de semana o porque me aguanto un sol de 34 grados, no tiene valor.

El caleño no se preocupa por conocer de su ciudad. El caleño está acostumbrado a que todo se lo den ‘molidito’, está acostumbrado a “la más fácil”, “que se preocupen los demás”. Infortunadamente, el caleño le perdió amor a salir adelante y se refugia en los errores de los demás.

Los trancones en el sur de la ciudad en el primer día del par vial tiene una sola respuesta: falta de información. Los caleños no saben qué pasa en su ciudad. Exigen que los cambios aparezcan en las letras de una sopa para darse cuenta. Les cuesta abrir un periódico, entrar a un portal web o escuchar la radio. El caleño prefiere ver “Diomedes” o “La Voz”, que hacer zapping hasta un noticiero regional.

Estoy seguro que si los que transitan hacia el sur de la ciudad por la avenida Cañasgordas y la vía Cali-Jamundí hubiesen leído cuáles iban a ser los cambios, previamente confirmados por la Secretaría, los trancones no serían tan grandes. No se vería tanto guarda más preocupado por responder dudas, que por coordinar.

Y lo mismo sucedió en la salida al puente de Juanchito. Una nueva pavimentación puso en jaque el acceso a la ciudad por ese sector hacia Candelaria. No se preocupan por saber qué va a pasar mañana, qué está pasando hoy y en qué repercute lo que sucedió ayer.

No me cabe la menor duda que la ignorancia, definida por la Rae como “Que no tiene noticia de algo”, es para aquellos que no les interesa ser diferentes. No es de estratos socioeconómicos, no es de parentesco, no es la marca de un vehículo. La ignorancia es evidente cuando no le interesa salir un paso adelante.

Insisto, no me interesa defender a la administración actual y menos a las anteriores, tienen y seguirán teniendo problemas, la que llegue ahora, tendrá que lidiar en un río revuelto de pirañas. Y aclaro, amo a Cali como a nada en el mundo. No soy de los que digo que “soy más caleño que el pandebono”, pero me duele y siento la ciudad.

Soy caleño, soy ignorante y tampoco le aporto a mi ciudad. Por eso entendí que parte de las soluciones de este bello pueblo es que los ciudadanos se pongan la mano en el corazón y los ojos en las letras. El caleño tiene que conocer su ciudad, tiene que saber qué pasa, tiene que entender por qué pasa y así, el día que le toque elegir y cambiar el rumbo, tendrá criterio.

O usted se ha preguntado, ¿por qué tenemos los candidatos que tenemos? ¿Es que cualquiera puede dirigir Cali? No sé, pero por favor no seamos tan brutos, ayudémosle a Cali.