Jue, 05/26/2016 - 08:17
Su cuñado murió, pero tuvo unos días finales con calidad de vida, que hoy lo llena de satisfacción y alegría, pues le enseñaron que la marihuana se convierte en una alternativa real, allí donde la medicina convencional no llega.
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Foto: Especial para www.90minutos.co

Mi primera experiencia con la marihuana fue fabulosa”, dice Darío Posada, el médico anestesiólogo, del Centro Médico Imbanaco. Lo dice con el mismo convencimiento que sabe cuál es la reacción que causa la palabra “marihuana”, enquistada en nuestra cultura que asocia a la mata milenaria, con la drogadicción.

El doctor Posada es un médico que lleva impresa en sus manos la “vocación de servicio”, que vive con pasión la medicina.

Nunca he fumado marihuana”, dice para cortar con la reacción del lector. Y comienza a contar su laso sentimental con el cannabis.

Hace cinco años a su cuñado, un hombre joven y saludable, le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA, una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. Las células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal.

En su estado más crítico, cuando no respondió al tratamiento médico, la situación de angustia, los períodos agudos de ansiedad y el dolor emocional, se apoderaron de su cuñado y de toda la familia. Para el doctor Posada fue peor, por la impotencia de saber que su rama, la medicina, no podía hacer nada.

Y en esa impotencia, y en largas noches de insomnio, entre sus lecturas encontró literatura del uso del cannabis o marihuana, en el mundo, para el alivio del dolor, entre otros síntomas, y muchas enfermedades.

“Y probé el cannabis”,dice – con el doble sentido - y sonríe. Obtuvo una presentación artesanal de marihuana con aceite de oliva y en dosis que fue cualificando, medicó a su cuñado y logró resultados asombrosos.

Los cannabinoides, componentes naturales de la marihuana, actúan como relajantes, que le permitieron disminuir en el enfermo, la ansiedad, el estrés, la pérdida del apetito, los trastornos del sueño, es decir levantar su estado de ánimo y mejorar ostensiblemente su calidad de vida.     

Para prevenir los trastornos del sueño, el doctor Posada, colocaba dos goticas, en la boca del enfermo, y eran suficientes para que lograra conciliar el sueño plácido y con un despertar animoso; sin los efectos de una resaca, propia de los medicamentos convencionales.

Su cuñado murió, pero tuvo unos días finales con calidad de vida, que hoy lo llena de satisfacción y alegría, pues le enseñaron que la marihuana se convierte en una alternativa real, allí donde la medicina convencional no llega.

Luego ha tenido pacientes terminales, quienes, por su estado crítico, no toleran los medicamentos, cuyos efectos colaterales los deja devastados. Son tantos medicamentos utilizados que sus diezmados organismos permanecen en máximo grado de intoxicación.

Para ellos, el cannabis se vuelve un bálsamo de vida. Incluso requieren de pequeñas dosis - cuenta el doctor Posada – para aliviar el dolor físico, los estados depresivos, las crisis de ansiedad y los trastornos del sueño, que son ineludibles al final de los días.

Los despertares son renovados y vitales, contrario a los de los medicamentos, que semejan unas resacas de muerte.

Mientras relata sus experiencias, en sus palabras hay satisfacción por sus logros al poder llevar alivio “natural” y real a sus pacientes. Es el médico que ha hecho de su profesión un apostolado, que aunque todos los días, en los quirófanos, está rodeado de las tecnologías más desarrolladas en el mundo, sabe que no hay nada hay más sabio y más poderoso que la misma naturaleza.

El doctor Posada recuerda que esta era la medicina natural de las abuelas, pues ellas utilizaban, por ejemplo, de manera exitosa, la marihuana con alcohol; armaban los emplastos, que colocaban en la frente para los dolores de cabeza o en el estómago o en los músculos o en las articulaciones o en el bajo vientre, para los dolores mestruales.

El anestesiólogo, cuenta que por ser prohibida, su uso medicinal en nuestro medio es limitado y se reduce a las presentaciones artesanales, mientras que en países como Estados Unidos o Alemania, con su aprobación, ha llevado a los laboratorios a explotar sus usos y sus componentes naturales, para el tratamiento de muchas enfermedades.

La marihuana tiene 17 cannabinoides, y cada uno tiene una propiedad diferente. Por ejemplo, en Alemania, los laboratorios seleccionan, extraen un cannabinoide y crean un compuesto, con propiedades para el tratamiento del asma. Otro cannabinoide tiene propiedades para combatir la epilepsia. Otro que es capaz de inhibir el apetito y otro con capacidad para despertarlo.

Estudios han encontrado la presencia de cannabinoides en la leche materna, lo que explica que en esas dosis, generan una delicada adicción que hace que no haya bebé que rechace, el “preciado alimento”, y de paso impida que un niño muera de hambre. Sabía la naturaleza.

En nuestro medio, cuando aún es artesanal, y que sólo dos goticas son capaces de conciliar el sueño, con la aprobación (paso calificado de histórico), bien podría ser el paso, de las goticas de valeriana a los goticas de marihuana.

Para el doctor Posada, lo único malo de la marihuana es la “sanción social”, que ha liado a la yerba milenaria, con lo más absurdo y lejano: la drogadicción.