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“Tenía mucha fe en Dios. En la Virgen María. Sabía que no me iba a fallar. Tenía, además, confianza en los médicos, en su capacidad científica y todo eso me decía que podía embarazarme”.

“Los hijos son las anclas que atan a la madre a la vida”

Sófocles

 

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Su anhelo de ser madre lo ancló a su fe. Y su esperanza a una “manito” que le diera la ciencia médica. Sólo tres óvulos había logrado madurar en su proceso de fertilización in vitro (10 en promedio es lo ideal) que le daban apenas un chance del 10% de embarazo. En la práctica ninguna. Una instancia tan “remota” que la misma ciencia descarta la posibilidad.

Para la caleña, Luz Ángela Amaya, no. Mientras hubiese una esperanza. No obstante lo adverso del pronóstico y todos los factores confabularan en contra de su sueño: Una cirugía dos años atrás, por una endometriosis, la había dejado con un solo ovario y con la limitación para tener un hijo.

A los antecedentes de cirugías en el ovario se sumaban los resultados de pruebas hormonales, las cuales predecían un mal pronóstico, en cuanto a resultados de un tratamiento de fertilización in vitro (FIV)”,señala el doctor Carlos Humberto Quintero, de la Unidad de Medicina Reproductiva, del Centro Médico Imbanaco.

Como ocurre en estos casos, el especialista le planteó dos alternativas: recurrir la donación de óvulos o a la adopción, pues con las pruebas alteradas, es decir sin las condiciones hormonales favorables, la probabilidad de embarazo era mínima, seis veces menos que una mujer en condiciones estables, dispuesta a someterse a una reproducción asistida. Lo que los especialistas esperan para desarrollar todo el ciclo de FIV es como mínimo un  50 por ciento de probabilidad.

Tenía mucha fe en Dios. En la Virgen María. Sabía que no me iba a fallar. Tenía, además, confianza en los médicos, en su capacidad científica y todo eso me decía que podía embarazarme”, dice Luz Ángela y sus ojos se humedecen con el recuerdo de aquellos días, donde, incluso, en otros centros especializados le habían dicho que su deseo de ser madre era un “imposible”.

Su fe era tan grande que, incluso, desechó la donación de óvulos y la adopción, y se aferró a la esperanza en sus tres óvulos madurados.

 

¡La Ciencia y El Milagro!

Lo que los médicos esperan en un proceso normal (con base en terapias especiales con medicamentos) es lograr la maduración de por lo menos unos 10 óvulos para emprender el reto.

Los óvulos madurados son aspirados del vientre y llevados al laboratorio, donde biólogas desarrollan el proceso de la fertilización, por lo general de entre 3 y 5, en calidad de embriones. Para los especialistas ésta es una cantidad suficiente, si se tiene en cuenta que en el proceso siguiente, de trasferencia al útero, por lo menos uno logra prenderse y proseguir el proceso de la vida en un bebé.

En el caso de Luz Ángela, eran solo tres óvulos. Por debajo del promedio. Insuficientes. No obstante, fueron aspirados y llevados al laboratorio en condiciones especiales (37 grados centígrados y CO2 al 5%). Después de 72 horas sólo uno logro fecundarse, es decir tomar la forma de embrión. 

 “El embrión estará donde debe estar: en el útero”, fue la frase que salió desde el fondo del corazón de Raúl Molina, el padre, hasta entonces relegado a ser espectador de la madre y el médico. Era la voz de su esperanza que clamaba al especialista para persistir hasta el final.

Y para los médicos fueron la decisión y el paso más complejos. En un proceso especial en sala de operaciones, el único embrión fue trasferido hasta el vientre de  Luz Ángela, cuyo reto era lograr que se prendiera a la pared del útero y prosiguiera su curso de vida.

¡Y se hizo el milagro! El embrión logró su cometido y germinó para dar lugar a una preciosa bebé que lleva el nombre de Ángela María.

“Fue el momento más grandioso de mi sueño. Y lloré de la emoción. Ya me sentía, entonces, madre. Una felicidad que cuidé como un tesoro en mi vientre”,cuenta la madre.

“Afortunadamente la transferencia de ese único embrión, en contra de todos los pronósticos, dio como resultado un embarazo completamente normal. Hoy en día disfruta la dicha de ser mamá de una hermosa niña”,enfatiza el doctor Quintero.

En efecto, con 37 semanas de gestación, un 21 de enero, a las 7 y 51 am., con 3.250 gramos y 52 centímetros, y por cesárea, llegó al mundo Ángela María.

Hoy tiene sigue siendo la felicidad de su familia. Su vida tiene un significado especial para los padres y los médicos. Contra toda la adversidad, es el fruto del amor, de la persistencia. De la fe. O como exclama la madre, “¡es la mano de Dios a través de la ciencia!”