Vie, 05/13/2016 - 15:32
El término epigenética, fue acuñado por Conrad Hal Waddington en 1942, para  referirse al estudio de las interacciones entre los genes y el ambiente que se producen en los organismos. 
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Foto: Especial para www.90minutos.co

Esa rabiecita contenida, por pequeña que sea, está punzando su hígado. Produce una reacción química y es la bilis la que descarga su contenido sobre este importante órgano. Todo, en nuestra vida, está signado por nuestras emociones. El 90% de nuestras enfermedades tiene origen en el cerebro.

“La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma” decía Richard Bacho las “cristalizaciones de las emociones contenidas”, según la medicina oriental.

Se sabe, por ejemplo, que los pulmones reciben el impacto de la tristeza o la pena; el corazón, de la alegría y la euforia; el bazo, de los pensamientos obsesivos y el exceso de reflexión. El riñón es impactado por el miedo y el hígado y la ira y la frustración, implacables con el hígado.

Pero esto no es todo.  Resulta, casi asombroso, que este tipo de procesos orgánicos estén sobrepasado una frontera de alto riesgo, al punto que estudios científicos están descifrando cada vez más evidencias de mutaciones a nivel de los genes, derivadas de estas situaciones extremas o crónicas.

El término epigenética, fue acuñado por Conrad Hal Waddington en 1942, para  referirse al estudio de las interacciones entre los genes y el ambiente que se producen en los organismos. A partir de entonces vamos sabiendo que el “cómo vivimos”, es definitivo para el equilibrio y adaptación o el origen y el curso de muchas enfermedades, como la diabetes, la obesidad, los problemas del corazón, incluso, el cáncer.

Se sabe, por ejemplo, que todos tenemos células cancerígenas en nuestro cuerpo, pero no todos desarrollamos la enfermedad. Fenómenos externos capaces de alterar nuestros genes, son los responsables de estos fatídicos desenlaces.

Un estado de estrés crónico es capaz de poner en jaque una pequeñísima parte del sistema celular: hasta llegar a un instante crítico en que una celulita entra en ´shock´ y ese, el más pequeño universo de vida, muta y se multiplica por dos, por tres, por cuatro…por miles de células anormales que dan origen a un tumor…el cáncer.   

Para el doctor, José Guillermo Ortega, especialista en Ciencias Biomédicas, con énfasis en epigenética y docente de la Universidad Javeriana,los seres humanos y organismos dejamos de ser exclusivamente lo que estaba escrito en nuestros genes desde la concepción.

Cada día hay mayor evidencia científica que está es una verdad parcial – dice el especialista y prosigue: - al menos para buena parte de las enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes, la aterosclerosis, hipertensión, por  solo citar aquellas con ocurrencia muy frecuente en nuestro medio, y que han sido desencadenadas por el ambiente en que vivimos”, decía el especialista en conferencia del Programa de Educación Comunitaria, del Centro Médico Imbanaco.

Un estudio llevado a cabo el año pasado, con dos grupos seleccionados, uno de hombres delgados y otro de hombres obesos, observó que los marcadores epigenéticos en sus espermatozoides eran diferentes. Incluso desde la forma, mientras unos eran delgados, los otros espermatozoides eran gorditos.

Como parte del estudio, los investigadores optaron por adelgazar a los obesos a través de la cirugía bariátrica para ver qué ocurría. Al año siguiente encontraron que con la pérdida de peso, esos espermatozoides modificaron su componente epigenético.

Lo que permite pensar es que si estos hombres van a tener hijos y que parte de estas modificaciones epigenéticas pueden ser trasferidas a sus generaciones, su condición se convierte en factor de riesgo, determinado, incluso, desde antes de la gestación. Un estilo de vida, que altera los marcadores epigenéticos y que se puede trasmitir a las generaciones.

Hoy, en un mundo contemporáneo, colonizado por las tecnologías, por los alimentos procesados, por el sedentarismo, y, para colmo, por un ambiente de competitividad, con altos grados de estrés instalados; nuestro organismo, en su salud y equilibrio, está totalmente condicionado y a merced de estos flagelos; mientras que el sistema genético dejó de ser el rector y pasó a un segundo plano.

Razones suficientes para reflexionar y re-direccionar nuestros estilos de vida. Recientes estudios médico-científicos de importantes universidades en el mundo, como Harvard, han demostrado que nuestros comportamientos, como los mismos pensamientos, conllevan a un desequilibrio en el sistema mente, cuerpo y espíritu y la aparición del estrés crónico desencadenante de patologías metabólicas, digestivas, cardiovasculares, autoinmunes, alérgicas y cáncer, entre otras.

Los problemas gástricos de todo tipo, las alergias y los problemas cardíacos, contienen una alta dosis de estrés, cuya cura sólo está en las manos de la persona que los padece. Los medicamentos sólo atacan los síntomas.

En la mente – dicen los expertos - encontramos una serie de pensamientos que van relacionados de manera directa con los sentimientos, los cuales determinan nuestro estado emocional, que varía a lo largo del día en función de lo que nos ocurre o estamos viviendo. Es decir, pensamientos, sentimientos y emociones, que están directamente relacionados con la salud.

Los pensamientos hacen parte del mecanismo fisiológico y funcional del ser humano y actúan en directa concordancia con el sistema inmune, a través del sistema nervioso autónomo, que estimula diversas respuestas fisiologías adaptativas hacia la salud o la enfermedad.

Dime cómo vives y te diré de qué padeces.