Mar, 12/15/2015 - 11:00
¿Cuándo se derrumbó el HUV? Que hay un sistema de salud que se califica de perverso, es el argumento, pero los hospitales públicos en todo el país persisten en medio de la crisis y algunos, como los de Antioquia, Santander y Nariño, sobresalen por eficientes. El Hospital Departamental de Pasto, ha logrado en los últimos años  una de las infraestructuras más modernas y en el último ranking, de América Economía, aparece en el puesto 37, entre los 50 mejores de Latinoamérica.  
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Duele ver a un grande, postrado humberto pupiales
Foto: Especial para: www.90minutos.co

Tuve el privilegio de caminar por sus pasillos, siempre atiborrados de gente, humilde y, también, de estratos altos. Gran honor y privilegio trabajar allí. Eran otros tiempos. Porque en ese entonces, aquella casa de salud había alcanzado la cúspide, con una imagen de gran prestigio: unos grupos médicos altamente calificados, consolidados, elevaban a la institución a los primeros lugares.

Grandes cirugías, grandes eventos médicos, eran la constante. Lo administrativo iba por un lado, y resolvía las grandes crisis que estaban a la orden del día, y lo clínico iba por otro lado. Lo primero daba vitalidad a lo segundo y lo segundo, a lo primero.

Hoy que vuelvo por estos lares, se respira un aire de nostalgia. Sus pasillos están desolados. La crisis se carcomió su prestigio, su credibilidad, su confianza. Es un hospital en coma. Su imagen, su más importante activo, hizo aguas.

Caminar por sus pasillos, por sus salas, por sus servicios, es entender que esta crisis no se supera con 120 mil millones que le adeudan las EPS. Es increíble, pero una institución grande se construye en años.

Para reconstruir el HUV se necesitan muchos años. Empezar de cero. A sus homónimas privadas les llevó más de 30 años para alcanzar el sitial donde se encuentran.

El HUV debe recuperar el camino perdido que fuera construido por grupos médicos excepcionales, como cirugía pediátrica y la Sala Ana Frank, con los doctores Edgar Cantillo y Raúl Astudillo, infectología pediátrica, con la Sala Anhelo de Vida, de los doctores Alberto Levy, Pío López y Yolanda Caicedo, neonatología, con la Sala Cirena, con el doctor Miguel Ángel Osorio, neurocirugía, de los doctores Arnoldo Levy y Alfredo Pedroza, por citar sólo algunos grupos que logré conocer en mi paso por el HUV.

Recuperar una cartera, que se levanta como la bandera,  le permitirá al hospital restablecer su operatividad, poder atender el día a día, ser el centro asistencial reactivo a las emergencias de la ciudad. Es decir a lo que nos hemos acostumbrado en los últimos 10 años: el hospital de guerra, más no la casa de salud por excelencia.

¿Cuándo se derrumbó el HUV? Que hay un sistema de salud que se califica de perverso, pero los hospitales públicos en todo el país persisten en medio de la crisis y algunos, como los de Antioquia, Santander y Nariño, sobresalen por eficientes. El Hospital Departamental de Pasto, logró en los últimos años una de las infraestructuras más modernas y en el último ranking, de América Economía, ostenta el puesto 37, entre los 50 mejores de Latinoamérica.  

Cali y el Valle, deben ser propositivos en la recuperación del HUV. Un hospital sólido, autónomo, que le permita guiar su destino, armar sus equipos logísticos y administrativos, y dar a sus grupos médicos el soporte técnico y tecnológico, las herramientas necesarias, para el buen ejercicio de la medicina. Por el bien de la comunidad.

El médico es por excelencia un hombre de valor, en cualquier sentido de la palabra: capaz de dar todo de sí y un poco más. Se entrega con mística, sin ambages, al logro de los objetivos. Amante del trabajo, del esfuerzo y para quien en tiempo no es un limitante.

 Esta ha sido una de las claves del éxito de los grandes hospitales: con una filosofía de servicio, de calidad, con altruismo, arman sus grupos médicos en la excelencia, dotándolos de todos los recursos disponibles, consintiéndolos como su recurso más valioso. Creando, así, su sentido de pertenencia y al mismo tiempo, convirtiéndolo en una fuerza capaz de empujar y conducir a la organización hacia el éxito.

Esto fue lo que perdió el HUV, a los largo de los últimos años. Y debe recuperarlo con paso lento, pero seguro. La comunidad no debe resignarse a recuperar el hospital de guerra, el que asiste a la ciudad en forma reactiva a los vaivenes y los embates de la violencia.