Mar, 07/14/2015 - 15:43
El otrora barco portentoso, hace aguas, se ahoga, avanza a babor contra el iceberg de su propia ineficiencia.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co / Orlando Vélez

Es inexplicable o insólito que el Hospital Universitario del Valle, HUV, un hospital de tercer nivel, el más importante la ciudad y el departamento, no tenga los recursos mínimos básicos de para su funcionamiento. No tiene con qué atender a sus pacientes. Por su magnitud, un hospital así no debiera funcionar. 

Resulta inaudito que ad portas del Mundial de Atletismo de Menores (154 países, 1.240 atletas, más delegaciones y periodistas) la ciudad sede no tenga hospital. Sólo aquí ocurre lo inaudito. ¡Y la orquesta sigue tocando!

En el mundo, la sede que organiza un certamen nacional o internacional, a la par con los escenarios deportivos, dispone el hospital de la ciudad, con todos los protocolos para atención médica y de emergencias.

Claro que dicho sea de paso, desde hace dos décadas el HUV, perdió su liderazgo y más aún su capacidad operativa. Desde entonces, para este tipo de eventos internacionales, el Centro Médico Imbanaco, se ha encargado de los planes de atención de las delegaciones deportivas.

Eran otros años en que el HUV, el ´otrora´ líder indiscutido marcaba el desarrollo de la medicina en el Valle del Cauca y Colombia. Eran otros años…no tan lejanos, que despiertan hoy la nostalgia.  

En 1992, un bebé de zona rural del Cauca, se convertía en el primer niño en Latinoamérica en recibir trasplante de piel sintética, por uno de los grupos de mayor experticia en este tipo de lesiones, dirigido por el cirujano de origen chileno, Ricardo Ferrada.

El bebé había sufrido graves quemaduras en gran parte de su cuerpo. Su cara y su cráneo, quedaron expuestos, carbonizados, sin piel, ante el poder abrasador de las llamas de una sábana (que cubría la cama en forma de toldillo) que se prendió por la caída de una veladora dejada por sus padres mientras iban a trabajar.

Al mismo tiempo, más de 500 niños de las zonas más deprimidas de Cali, el Cauca, Nariño, Chocó y el Putumayo, salvaban sus vidas, en complejas cirugías de corazón, en manos del grupo médico liderado por el cirujano cardiovascular, Hernán Henao (QEPD). Operaban como se llamaba el programa: “De todo corazón”.

“Tenemos la tecnología necesaria”, decía orgulloso el cirujano Henao. “Tenemos los médicos”, exclamaba, Milton Mora, Director del Hospital.

“De Todo Corazón”, fue posible, porque el HUV, con el apoyo definitivo de la Agrupación de Damas Hebreas, de la B´nai B´rith, de Cali, obtenía tecnología de punta y estrenaba la más moderna Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos, Ana Frank, Cipaf.

La Sala Ana Frank, en el ala sur, era uno de los espacios más hermosos. Lleno de luz y vida, a pesar de que por allí hacían tránsito los casos más complejos de niños afectados por diversas enfermedades, por la violencia, por la misma naturaleza, y que eran resueltos, en su mayoría, por el grupo de cirugía pediátrica bajo la dirección del doctor Raúl Astudillo.

En el ala norte, estaba la Sala de Recién Nacidos, Cirena, otro epicentro de milagros científicos, con neonatos afectados por complejas patologías, malformaciones, prematuros que nacían con escasos 500 gramos de peso, que lograban salir adelante, gracias a la capacidad de un equipo médico dirigido por el neonatólogo, Miguel Ángel Osorio. El respaldo de la Fundación que llevaba el mismo nombre, bajo la dirección de María del Mar de Bueno, era fundamental.

Pero no sólo los niños eran protagonistas de los retos diarios de la medicina. En aquellos años, que trascurrieron como la época de oro del HUV, se cumplieron eventos científicos de reconocimiento internacional. Por ejemplo, fue un éxito el primer reimplante de mano en Colombia.

El cirujano, Alexander Castillo (QEPD), con una magistral micro-cirugía, logró reconectar ramales de pequeñísimos vasos sanguíneos, tendones y tejidos, que devolvieron la mano a su sitio, su irrigación de vida y la recuperaron de su funcionalidad. La cirugía empezó a la 1 de la mañana y terminó cerca del mediodía.

Casi 11 horas necesitaron los cirujanos para lograr el reimplante, lo que un acto de intolerancia y violencia arrancó en un segundo. Un machetazo cercenó de tajo la mano del caleño en el barrio Obrero.   

Hazañas científicas, humanas, de equipos médicos con el conocimiento y el soporte de las tecnologías. Eran otros tiempos, otras épocas, y la institución, una de las de mayor prestigio, de máximo respeto y reconocimiento en Colombia y en el mundo.

Eran otros tiempos y no muy lejanos. De una institución del estado, ni privada ni de otro país del primer mundo. Un compendio de vida que hace parte ya de los anales del “Gran Hospital”: en sus servicios, salas, unidades y quirófanos, en cada espacio, trascurrían en la cotidianidad los eventos científicos, a pesar de que las crisis estaban allí. Latentes. A la orden del día. Las crisis financieras han sido inherentes o un nefasto ´karma´ para el HUV.

Y a pesar de las crisis, “funcionaba como un relojito”: una parte directiva, administrativa, ´gerenciaba´ los recursos, los cobros, los pagos o la cartera, y hacía viable la institución. La otra parte, la asistencial, la Universidad del Valle, cumplían una misión de ciencia, salud y vida. Era el binomio perfecto.

La crisis del 92-93, por ejemplo, generó un Editorial del primer diario del país, que reclamaba, a viva voz, al Gobierno nacional el pago de una deuda de 52 mil millones que debía por atención a los pacientes sin subsidio. Un editorial que al reclamo anteponía una descripción minuciosa de las hazañas científicas del día a día en el Hospital.

Aquellas proezas que están frescas en la memoria, hacen parte del anecdotario de los periodistas de la época, de los archivos de medios nacionales e internacionales. Desafortunadamente, con el paso de los años desaparecieron y el HUV se volvió un hospital reactivo. El que con denuedo atiende la violencia de la ciudad. Un hospital de urgencias.

Por eso, ahora en la más aguda crisis de toda su historia, saltan las preguntas: ¿Cuándo se vino a menos el HUV?  ¿Cuándo perdió su liderazgo? Y lo peor, ¿Cuándo la sociedad se olvidó y cuándo volverá los ojos a su hospital?

Duele ver que el HUV se muere ante la pasividad de todos. Que la sociedad mira el cortejo indiferente. Y que quienes lo miran, sólo ven la solución en el pago de una deuda de las EPS. Ese es un paso. Pero ese paso sólo le permitirá seguir funcionando. No le devolverá el sitial, el escenario de liderazgo.

El HUV, debe volver su sitio. Necesita medidas de fondo. Y no que la orquesta siga tocando.