Vie, 06/12/2015 - 17:58
Han pasado apenas 72 horas, después de fecundado el óvulo con el espermatozoide, en el laboratorio de medicina reproductiva, a través de la micromanipulación gamética. 
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

De las ocho células que componen el primer embrión una es extraída de manera extraordinaria y llevada a laboratorio para ser estudiada. Son blastómeros, células embrionarias, microscópicas, sólo visibles a través del microscopio especial que aumenta alrededor de 400 veces la imagen.

Han pasado apenas 72 horas, después de fecundado el óvulo con el espermatozoide, en el laboratorio de medicina reproductiva, a través de la micromanipulación gamética.  El tiempo mínimo para que el óvulo fecundado emprenda el reto maravilloso de la vida, en forma de embrión, al cual, por obra y gracia de uno de los avances de la ciencia médica, hoy es posible extraer una de sus celulitas (biopsia) para someterla al análisis de biología molecular.

¿El objetivo? Analizar el ADN de aquel micro-universo y descartar en los embriones la presencia de alguna enfermedad genética, es decir, descartar aquellos inviables, antes de implantar en el vientre materno y continuar el proceso de embrión a feto y de feto a bebé. ¡Ciencia ficción!

Este proceso, que hasta hace unos años sí era cosa de ciencia ficción, trascurre como un evento médico más, y tiene como escenario la Unidad de Medicina Reproductiva, del Centro Médico Imbanaco…y como protagonistas a Natalia Duque y Fabián Alzate, quienes conforman la joven pareja, oriunda de Pereira.

“Es una historia dramática y muy difícil. Ahora es extraordinaria y llena de esperanza”,es el preámbulo que hace Natalia, para contar su epílogo.

La historia

Hace seis años, Natalia y Fabián, contrajeron matrimonio y tres años después llegó su primer bebé. Lo que nunca imaginarían, es que su pequeño desarrollaría una enfermedad respiratoria aguda que lo llevó a la muerte y lo que los sorprendió aún más fue descubrir el origen genético del mal.

El bebé padecía un déficit de surfactante de proteína ABCA3, el gen que propicia la producción de una proteína especial que da a los pulmones la fortaleza y la capacidad de contracción.

“Cuando se estudió la cusa de la enfermedad, los médicos llegaron a la conclusión que mi esposa y yo compartíamos una misma alteración genética que se la trasmitimos a nuestro bebé”, cuenta Fabián.

Un descubrimiento que luego fue aún más desalentador, pues el problema genético compartido sólo les daba chance de un 25% de concebir un próximo hijo sin la enfermedad. Es decir, que su única alternativa era la adopción.

Consideramos la adopción. Sin embargo, por recomendación de un tío médico, llegamos a consulta con el doctor Carlos Humberto Quintero, quien nos describió la alternativa del hacer el estudio genético a nivel embrionario a través de la fertilización in vitro”, cuenta Fabián.

Sorprendidos, escépticos e incrédulos, inicialmente, pero con el paso de los días, lo que escucharon del médico, se les fue convirtiendo en una ilusión y en una esperanza, que finalmente se apoderó de los dos. 

Natalia, ilusionada, inició los tratamientos con medicamentos especiales para estimular la producción y maduración de óvulos. Con suma dificultad, en tres ciclos, los médicos obtuvieron seis óvulos, la cantidad mínima, que luego de aspirar (extraer) en sala de operaciones y procedieron a llevar a laboratorio para el proceso de fecundación in vitro (micromanipulación gamética, ICSI) y vitrificación (congelamiento especial).

72 horas después, los óvulos fecundados habían avanzado a la división celular, es decir el desarrollo a embrión, con ocho blastómeros (embriogénesis), “micro-universos” que contienen toda la información genética del ser humano.

De los seis embriones obtenidos en laboratorio, dos no sobrevivieron a la vitrificación y los cuatro restantes pasaron al análisis a través de la biopsia de blastómera. Un micro-procedimiento de biología molecular: a cada embrión le extrajeron una célula para el estudio respectivo.

“Mientras esto se realizaba– cuenta el especialista - los embriones siguieron su crecimiento en el laboratorio de fertilización in vitro. El análisis genético a las células busca identificar los embriones sanos y calificados para ser transferidos al útero y dar origen a un embarazo.”

En efecto, el examen dio como resultado: tres embriones eran portadores de la alteración genética y sólo uno estaba libre del mal.

El doctor Carlos Humberto Quintero, especialista en medicina reproductiva, cuenta que en este caso las células embrionarias fueron sometidas al análisis de biología molecular para detectar exclusivamente la ausencia del gen ABCA3.

Otra modalidad de este tipo de examen pre implantación, es el cariotipo, que permite detectar si el embrión tiene más o menos cromosomas que los 46 que debe tener normalmente. Tener más o menos cromosomas puede dar origen a desordenes genéticos como el Síndrome de Down (Trisomía 21). También pude identificar cromosomas mal organizados, alteración llamada translocación, que puede causar problemas en la función o el crecimiento del organismo.

El sueño

Entre la ilusión y el sueño, los médicos le implantaron a Natalia en su vientre en embrión sano, con la esperanza de que éste lograra “prenderse” a la pared uterina. Un reto de la medicina reproductiva. ¡Había que esperar!   

Una espera que duró 10 días y que para Natalia y Fabián, fue eterna.

Por correo electrónico del laboratorio recibieron el resultado del examen, cuya información era un escueto número, que les produjo total incertidumbre y ansiedad. “De inmediato llamamos al doctor Quintero, quien nos confirmó que el número correspondía a un ´embarazo´. Mi esposa estaba embarazada. Fue el día más feliz en todos estos años”, dice, Fabián, y sonríe como si ese día fuera hoy.

“No lo podía creer. Era un sueño hecho realidad.”, interpela Natalia.

De eso han pasado dos meses, es decir que Natalia ya se encuentra en su semana 10 de embarazo y está feliz. “Es un milagro. Es un milagro”, dice, mientras acaricia su incipiente pancita.

Aún hoy, en medio de su felicidad, no dejan de sorprenderse de cómo fue posible extraer células microscópicas, estudiarlas biológicamente y lograr identificar el único embrión sano, libre de la alteración genética, que hoy se mueve en el vientre de Natalia, con el nombre de Sarah…”Sarihta.”