Vie, 07/03/2015 - 12:11
Nos indignan las declaraciones de un lejano magnate y no el desastre ecológico y el hambre de nuestro Tumaco.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Tumaco es el puerto más hermoso de Colombia sobre el litoral Pacífico. De una belleza excepcional.  Inédita. Desconocida.  Un confín paradisíaco, donde los ´selfies´ naturales más hermosos, del sol y del mar, confluyen en atardeceres y amaneceres de ensueño. Es verdaderamente “La Perla del Pacífico.”

Su raza, igualmente, única. Es una etnia distinta a los otros conglomerados de este lado del litoral. El nativo de Tumaco exhibe atributos físicos finos, con una piel tersa y no los rasgos rudos propios de la raza. Es posible encontrar comunidades cuya piel oscura contrasta con el claro de sus ojos.    

Y es una raza noble. Valiente. A pesar de la pobreza que se ha ensañado por décadas de abandono y olvido, lleva con altivez y con una dignidad de aplomo su triste presente. Siempre están sonriendo y tienen a flor de labios un gesto y una palabra de agradecimiento. No obstante las mismas cifras se ensañen con ellos: el 90%, de sus 200 mil habitantes vive en la miseria y su medio de sustento es la pesca.

Una actividad de sobrevida que cercenó las Farc, con el derrame de crudo en sus aguas. 14 mil pescadores, con sus familias, quedaron atrapados en las redes de la infamia. En la inopia. Un ataque del terror que desnudó aún más su ya oscuro panorama.

El 80% de los tumaqueños no tiene acceso a la salud y menos a la educación. Las pocas escuelas que hay, están en condiciones paupérrimas. Los pocos puestos de salud, por lo general no tienen médicos.

Tumaco no cuenta con agua potable. Qué salud puede tener una comunidad sin el agua mínimamente tratada. Y hoy ya ni siquiera agua tiene.

El 70% de la población está en sobrepeso y obesidad, con una alimentación desbalanceada, compuesta especialmente por harinas. Las enfermedades derivadas de unos malos hábitos de vida, son endémicas: la hipertensión, los problemas cardiovasculares y la diabetes.

Los niños se mueren de hambre, pues por aquí campean los más altos índices de desnutrición en el mundo. Las infecciones, las gastroenteritis, son el pan de cada día.

La tragedia ambiental ocasionada por la guerrilla, fue como echarle sal a la herida. Aunque dicho sea de paso, es irónico, pero habría que agradecerle a las Farc, que con su saña, su crueldad  y su ignorancia, por lo menos lograron volver los ojos del país y del mundo, hacia este rincón.

Y así, en medio de la ignominia que encierra esta tragedia de los tumaqueños; saltan irrisorios los pasajes de comedia que desfilan en el día a día por la otra Colombia.

Los grandes medios de comunicación frívolos se enfrascan en discusiones más frívolas. Las declaraciones de un magnate que tacha de delincuentes a los inmigrantes, especialmente mexicanos, copan sus espacios.

Mientras los grandes del periodismo encienden el debate y nos sumergen y alientan por horas y horas nuestros resquicios de dignidad, (con pedido de renuncia a la Miss Universo, incluido) y en ese mismo tiempo decenas de niños mueren por desnutrición en Tumaco.

Resulta irrisorio, en este país de comedia, que una alta funcionaria se llene la boca y, con bombos y platillos, anuncie su visita a Tumaco llevando bienestarina a los niños. ¿Cuantas toneladas de bienestarina se necesitarán para mitigar desnutrición infantil enraizada por décadas?

Hace cuatro meses visité Tumaco en misión periodística acompañando a la misión humanitaria, de un grupo de médicos, del Centro Médico Imbanaco, dirigido por el médico tumaqueño, Robin Biojó. Una misión de salud y vida, sin el mismo eco de una bienestarina. De esperanza, de amor, en medio de tanto olvido y abandono.

Rondan en mi mente las sonrisas cargadas de dignidad y nobleza, esas manos abiertas y extendidas para expresar su gratitud a los médicos, aun cargando sobre sus diezmadas humanidades la atrocidad de la pobreza.

Mientras la otra Colombia vive en la comedia: unos que envenenan los ríos y matan de hambre y de sed a un pueblo noble y al mismo tiempo hablan la paz, en una lejana isla caribeña. Y otros…los que debaten en el micrófono, con lujuria, si la Miss Universo debe renunciar.