Mié, 05/13/2015 - 08:43
Pero como no se puede decir a las audiencias una excusa tan absurda como esa hay que echar mano del eufemismo: "Buscamos la reacción de fulano de tal pero no fue posible". Así que cuando lo vean al final de una noticia, sospechen, sospechen, sospechen...
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Así es. ¿Cómo les parece? A diario los medios tenemos que lidiar con fuentes -porque no es el secretario, ni el presidente, ni la ministra, para los medios es simplemente una fuente más que hace un aporte con su declaración dentro de la elaboración de una pieza periodística- que se niegan a hablar porque, y es muy absurdo pero cierto: están bravos con los periodistas.

Pero como no se puede decir a las audiencias una excusa tan absurda como esa hay que echar mano del eufemismo: "Buscamos la reacción de fulano de tal pero no fue posible". Así que cuando lo vean al final de una noticia, sospechen, sospechen, sospechen...

Para que no se vayan a enojar conmigo -porque lo sorprendente de todo es que sí leen estos blogs- no voy a decir los nombres. Pero tengo dos perlas. La primera, una fuente - así se las pongo difícil para que no puedan saber si es hombre o mujer. Qué tal que descubran quién es y se ponga bravo o brava conmigo ¿ah?- a quien le tocó resolver una situación de afectación de los DD. HH., en la que participó el rechazo de la opinión pública. Hay noticias que por su misma naturaleza, conmueven a los televidentes. No es culpa de los medios que esa circunstancia le aplique una presión adicional a la fuente.

Y se contó lo bueno que hizo en este proceso. Pero una sola vez apareció una denuncia en boca de unas fuentes, que no del medio. Y allí fue Troya. Con dos piedras en la mano recibió a los periodistas y de frente, "sin anestesia", se lo expresó, que no le gustó la noticia -¿de cuándo acá la finalidad del ejercicio periodístico es que le guste a las fuentes?- .

De nada sirvió que, sin ser el interés de este noticiero, otras noticias mostraron su gestión positiva. No. Genuino rencor. Yo todavía defiendo a esa fuente, y colocándome en sus zapatos, aseguro que no es de origen político y que como viene de la academia, trae muy buenas intenciones y toma de forma personal los cuestionamientos hacia su labor. Porque de verdad le duelen. Todavía percibo un leve levantamiento de su ceja cuando va a atender a un comunicador de este medio.

Aquí va la otra. Otra fuente, con un cargo importante, sin más detalles. Se ha dicho lo bueno y lo malo. Se le reconoce sus logros y se muestran sus fallas, claro, en boca de las fuentes y no del informativo. Pero un día leyó en un espacio de opinión como este, en el que el tema central era un balance crítico a sus ejecutorias. Pero como su autor era un miembro de este equipo periodístico, pagaron todos. Lo  que tenga este logo o se identifique con este noticiero tiene negado el acceso. Castigado, imagino yo, hasta que volvamos a “alabar” a la fuente.

Aunque peque de redundante tengo que decirlo: se ponen bravos. No hay otra forma de explicarlo. En las noticias tenemos fuentes que sustentan los cuestionamientos en contra, en el mismo espacio se les da la oportunidad de controvertir los testimonios de los otros. Pero no importa que esas fuentes hayan tenido igual participación que quienes los criticaron y que así se haya escuchado su posición. El daño está hecho: se enojan con nosotros. Así tan infantil como suena: bravos. Y son fuentes que están cumpliendo una función pública seria, los ciudadanos depositan su confianza en ellos para que tomen las mejores decisiones en beneficio de todos. Pero se enojan si no les gusta lo que dicen de ellos. Esa es la madurez de algunos funcionarios del Estado.

Y así van las cosas. ¿Cuántos colegas no pasan por lo mismo? Fuentes que vetan al medio porque no son sus áulicos. Para esas fuentes -lo sigo usando no sea que los lectores adivinen quiénes fueron- solo puede haber periodismo si es sobre lo que ellos deciden que es positivo que se diga. Aún en contra de los preceptos del periodismo: "¡Qué equilibrio! ¡Qué imparcialidad! No ve que si no hablan bien, se pierde mi aprobación en la opinión pública y por ahí derecho mis votos". Me parece leer su pensamiento.

Cuando estoy llegando al final de estas líneas no dejo de estremecerme de temor: ¿Se imaginan que descubran de quiénes hablo? ¿Cómo continuaremos desarrollando nuestra labor periodística sin esas fuentes? Ya sé: como lo hemos venido haciendo todos estos 25 años. Sin responder de la misma forma que ellos - ¿Qué tal que nos enojáramos con nuestras fuentes?- y realizando las piezas periodísticas con todas las fuentes posibles. ¡Ah! E invitando a pronunciarse incluso a los que sabemos que se negarán. Allá ellos y sus pataletas.