Jue, 01/21/2016 - 08:31
El Estado local no puede ir de visita a las comunas sino que debe hacer presencia permanente y efectiva. La policía por su parte debe  tomarse las calles, conocer a los vecinos, interactuar con los líderes, desarrollar propuestas con los jóvenes, fortalecer la policía comunitaria que ponga énfasis en la prevención del delito.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

El alcalde de Cali, Mauricio Armitage, lideró el sábado pasado la “toma” de una de las comunas de la ciudad, que presenta altos índices de violencia, acompañado de 450 policías, más de 100 soldados, funcionarios de la alcaldía y un sequito de periodistas.  El resultado fue menos espectacular que el operativo: la captura de dos delincuentes de medio pelo y el decomiso de machetes, cuchillos, atornilladores y “patecabras”, pero sirvió de telón de fondo para que el burgomaestre anunciara a la ciudadanía que su administración tendrá  mano dura con la delincuencia.

Las “tomas” a los barrios y las comunas es una vieja e inútil receta de la policía, orientada a mostrar que las autoridades están actuando en contra de la criminalidad y de esta manera lograr una “percepción de seguridad”. En la práctica no sirve para ninguno de estos propósitos, porque sabemos muy bien que se trata de acciones mediáticas con pobres resultados y que los delincuentes, avisados de antemano de estos operativos, buscan escondite o simplemente no salen de sus casas. Después de que termina el show regresan a sus actividades, con mayor ahínco.

El Estado local no puede ir de visita a las comunas sino que debe hacer presencia permanente y efectiva. La policía por su parte debe  tomarse las calles, conocer a los vecinos, interactuar con los líderes, desarrollar propuestas con los jóvenes, fortalecer la policía comunitaria que ponga énfasis en la prevención del delito.  Para  esto es necesario que los policías se bajen de sus vehículos y patrullen a pie los barrios. En contra de esta propuesta podría esgrimirse el peligro que corren los uniformados en ciertos sectores de la ciudad, sin embargo, la solución está en el aumento del número de efectivos por patrulla. BILL CLINTON logró reducir la violencia en las principales ciudades de los Estados Unidos, lanzando la consigna “pies planos”, con la que promovió los patrullajes de la policía andando.

Lo importante es que la comunidad deje de ver a la policía como un aparato meramente represivo y a los policías como unos burócratas a quienes hay que llamar para que acudan a la escena del crimen. Debemos recuperar la imagen del policía amigo, del que sabemos su nombre y con el cual podemos contar de manera oportuna.

La comunidad no cree en estos operativos por qué no confía en la policía. Tampoco en el ejército patrullando las calles, de hecho cuando la tropa hace presencia en lugar de “percepción se seguridad” las personas piensan que algo malo está  pasando y se sienten amenazadas.

En cambio de trabajar porque el ciudadano tenga una percepción, por lo general falsa, de seguridad, las autoridades deben enfocarse en atacar las organizaciones criminales y velar porque sus integrantes rindan cuentas a la justicia.  Así se logra un clima de verdadera seguridad.

El año pasado el alcalde de turno celebró el descenso de los homicidios: “en Cali se están registrando 66 homicidios por cada 100 mil habitantes, está es la tasa de homicidios más baja de los últimos 20 años”, aseguró RODRIGO GUERRERO, en el marco de un foro organizado por la Universidad Javeriana (23 de febrero de 2015).

Los universitarios no tuvieron tiempo para digerir el dato suministrado por el funcionario, quien dicho sea de paso se equivocó porque de acuerdo con Medicina Legal la tasa fue del 68.45 por cada 100 habitantes, de haberlo hecho habrían salido alarmados. La razón es simple: tenemos la tasa homicidios más alta del país, que en total fue del 26.49%, quiere esto decir que Cali tuvo una tasa casi 3 veces mayor a la que se obtuvo promediando  todo el país. “Las cifras más altas por departamento fueron las del Valle del Cauca 2.766, Antioquia 2.160, Bogotá 1.362, Atlántico 534 y Cundinamarca 466, y en los municipios fueron las de Santiago de Cali 1.605, Medellín 658, Barranquilla 355, Cartagena 303 y Soacha 212.” (Informe Forensis 2014)

Esta tasa es superior a la de Honduras que fue del 66%, considerado el país más violento de América Latina, y por supuesto superior al resto de países del hemisferio.

Para que nos podamos hacer  una idea de lo que significa la cifra que alborozó al Dr. GUERRERO, tengamos en cuenta que durante el siglo XX, la tasa de homicidios atribuida a la violencia organizada,  las guerras, genocidios, purgas y hambrunas provocadas por el hombre, fue del 60 por ciento por cada 100 mil habitantes, 8% menos que la tasa de homicidios en Cali.

Si Armitage quiere que estas cifras desciendan a niveles que nos hagan sentir verdaderamente seguros, no puede caer en la trampa de hacer por hacer. En su calidad de comandante de la Policía debe acabar con las malas prácticas de esa institución. No puede ser que el principal problema de la policía sea la falta de gasolina o de vehículos de alta gama para los mandos.

Por supuesto que esto debe venir acompañado de inversión social y de una lucha feroz para recuperar la legitimidad del Estado.

El alcalde y su equipo de gobierno tienen también  la tarea ayudar a desmontar la contracultura que introdujo el narcotráfico, gracias a lo cual el ‘traqueto’ ostentoso se convirtió en ejemplo a seguir, con todo y su discurso de muerte, venganza y corrupción, además del sentido de pertenencia sobre las mujeres, convertido en un valor socialmente aceptable y que explica en parte el número elevado de feminicidios.

El alcalde deberá hacer un enorme esfuerzo para lograr que Cali no siga siendo la capital de la violencia y eso no lo va logar a punta de maquillaje.