Jue, 02/11/2016 - 09:28
Cuando quienes ejercen el poder coluden para protegerse entre sí las democracias se fracturan y los ciudadanos se sienten desprotegidos  y a merced de los malhechores.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

La patrullera de la policía Cleida del Carmen Tapia Arrieta fue asesinada por un delincuente durante un operativo en un céntrico barrio de la ciudad de Cali. Como esta patrullera miles de policías ponen en riesgo sus vidas en cada operativo, cumplen devotamente con su deber y luchan para que los ciudadanos de este país podamos vivir en paz y seguros.

La admiración y respeto que sentimos por la memoria de Cleida y de los policías honestos, es proporcional al repudio que expresamos por los miembros de la institución que se dan la gran vida recibiendo prebendas y “sueldos” de las organizaciones criminales, torciendo  pruebas en los procesos penales para beneficiar a peligrosos hampones con sentencias absolutorias o que abusan del poder del uniforme para obtener favores sexuales de sus subalternos.

Mientras esta joven patrullera honró el uniforme hasta el último instante de su vida, el general Palomino, mancilla el suyo con el solo hecho de portarlo. Igual sucede con los oficiales comprometidos en escándalos relacionados con el crecimiento injustificado de sus fortunas y aquellos que favorecen la delincuencia organizada.

El presidente de la república comete un grave e imperdonable error al mantener en su cargo a Palomino pese a las contundentes y probadas denuncias en su contra. Palomino perdió toda su  credibilidad y es un mal ejemplo para los demás policías, los buenos policías de este país, además mantenerlo en el cargo envía el pésimo mensaje a los ciudadanos de que en las altas esferas del poder se puede delinquir impunemente.

La inmunidad de que goza Palomino trasciende a los estadios de la fiscalía donde el vice fiscal hace méritos para que el presidente lo incluya en la terna de candidatos a fiscal general, haciéndose el de la vista gorda. En otras circunstancias Palomino ya habría sido llamado por lo menos a un interrogatorio de indiciado, pero cuenta  con la omisión cómplice del interesado vice fiscal.

Cuando quienes ejercen el poder coluden para protegerse entre sí las democracias se fracturan y los ciudadanos se sienten desprotegidos  y a merced de los malhechores.

Santos, embelesado en el proceso de paz, parece haber perdido la capacidad para comprender la realidad del país y se niega a reconocer el enorme daño que la causa a la sociedad mantener en sus cargos a funcionarios de escasa catadura ética.

La salida de Palomino y sus secuaces de la policía no resolverá la grave crisis por la que atraviesa esta institución, pero sería un buen comienzo. A renglón seguido habría que examinar los factores que permiten los continuos abusos policiales cometidos contra los ciudadanos, ampliamente difundidos en las redes sociales y los casos de corrupción de la policía judicial que han llevado al traste importantes investigaciones y puesto tras las rejas a personas inocentes. También hay que evaluar el desempeño de los comandantes incapaces de resolver los problemas se seguridad y delincuencia organizada en las principales ciudades del país.

En memoria de la patrullera acribillada y de los policías honestos que exponen sus vidas para protegernos reclamamos al gobierno nacional que actúe con firmeza frente a los males que aquejan la institución policial  y  la libre de los malos sujetos y las malas prácticas, pensando en la policía que merecemos los colombianos.