Lun, 06/27/2016 - 15:06
El slogan de la campaña deja claro que la única paz buena y posible para el infatigable senador es la “paz uribista”, su propia paz, la paz que surge de la guerra total, la paz de los sepulcros.
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Foto: Especial para www.90minutos.co

Con su estilo beligerante y sinuoso, el senador Álvaro Uribe promueve una fogosa campaña contra el proceso de paz que se adelanta en la Habana bajo la consigna de una "resistencia civil" "contra la paz de Santos", supuestamente orientada a evitar la entrega el país a las Farc.

El slogan de la campaña deja claro que la única paz buena y posible para el infatigable senador es la "paz uribista", su propia paz, la paz que surge de la guerra total, la paz de los sepulcros.

Para darle un mínimo de racionalidad a semejante despropósito, Uribe suscribió dos documentos. El primero es una sopa de letras con pretensiones de manifiesto ideológico orientado a confundir a su sequito de adoradores, en el cual mezcla críticas validas contra el proceso con mentiras realmente infantiles que no deberían preocupar por lo descabelladas y absurdas de no ser porque están siendo asumidas como verdad por muchos colombianos que no son uribistas.

Uribe, maestro de la propaganda negra, sabe muy bien que una estrategia basada en la mentira  debe estimular el surgimiento de muchas mentiras en la misma dirección, hasta lograr que  el engaño se imponga sobre la verdad. Y, es precisamente lo que está ocurriendo. Sus huestes entendieron que la orden es acabar con el proceso de paz a como dé lugar y de su propia cosecha han multiplicado las falacias sin ningún tapujo.  Hace un par de días escuché a una humilde mujer comentar que en la iglesia a la que asiste le habían dicho que si triunfaba el proceso de paz los jóvenes colombianos serían enviados a prestar servicio militar a los países comunistas y en las redes circulan mensajes sobre la presunta incorporación de la guerrilla a las filas del ejército como condición impuesta por las Farc. Un policía me contó que durante la recolección de firmas por parte del Uribismo le aseguraron que los comandantes guerrilleros ingresarían con rango de coroneles a la fuerza pública. Después de escuchar esto, el policía de la historia regresó con su esposa y sus dos hijos y firmaron la lista.

El segundo documento leído por Uribe, en respuesta al acuerdo final sobre cese bilateral al fuego, entrega de armas y fin del conflicto, parece un poema sin rima ni métrica que bien podría titularse "tengo la paloma herida" y servir de fondo de cualquier novela mejicana. Lo cierto es que expresa el resentimiento y desespero de Uribe a medida que se acerca la hora H, del día D, es decir, el momento a partir del cual empezarán a contarse los 150 días para que las Farc entreguen las armas a la ONU, y los 10 días adicionales para el ingreso de los ex combatientes a la vida civil.

Ambas diatribas están inspiradas en el odio y adolecen de falta de rigor analítico sobre las implicancias que tendría para el país el fracaso de los acuerdos de la Habana.  Es claro que Uribe en su afán revanchista no ha medido las consecuencias de exacerbar los ánimos contra el proceso de paz, ni mucho menos las consecuencias que traería consigo el triunfo de su "resistencia civil".

Por culpa de azuzar el sentimiento negativo de muchos colombianos contra las Farc, a punta de engaños y leguleyadas, el lenguaje de los enemigos del proceso de paz se ha tornado violento y amenazador. La proximidad de la firma definitiva de los acuerdos de  paz en lugar de  llenarnos de alegría y optimismo ha polarizado el país de manera peligrosa y tiene a muchas personas con los nervios de punta a la espera un  magnicidio o de un atentado terrorista que eche por la borda el proceso de paz.

Si perdemos esta magnífica  oportunidad de ponerle fin a las Farc, sin derramar una gota más de sangre de colombianos humildes, quienes son los que realmente se matan en el campo de batalla, estaremos condenados a asumir la violencia y el terror como la única forma de vida aceptada por nuestra sociedad. De paso seremos los parias del mundo occidental. El resto del mundo nos verá como un pueblo enfermo y decadente, sumido en las tinieblas por su propia voluntad.

Quienes creemos que la paz es el camino, pero ante todo un derecho de todos los colombianos, debemos hacer una militancia férrea y comprometida con  la paz, y de paso informar  la verdad a quienes están siendo enlistados a favor de la guerra de manera tramposa y evitar que otros caigan en la treta.  

Terminar más de 50 años de conflicto armado con las Farc no será una tarea fácil, como tampoco lo será llegar a un acuerdo con el ELN, y más complicado será construir una paz sostenible que sirva de solido fundamento a nuestra débil democracia, pero debemos intentarlo.

Unas palabras más: el vice fiscal Perdomo en las mañanas se levanta apoyando el proceso de paz pero antes de acostarse no deja de lanzarle algún petardo. Ojalá la Corte Suprema de Justicia nombre Fiscal General de la Nación de una vez por todas y deje a un lado el vergonzoso tire y afloje en las votaciones.