Mié, 03/23/2016 - 17:01
Eduardo Montealgre termina su periodo como fiscal general sumido en un enorme desprestigio profesional y personal y pasará a la historia del país como el peor fiscal que ha tenido Colombia, y eso es mucho que decir, porque hemos tenido un par de antecesores realmente malos.
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Eduardo Montealegre, el peor Fiscal General de la nación

La fiscalía es un mal necesario. En la actualidad resulta impensable el funcionamiento del sistema judicial colombiano, sin la existencia de un ente independiente y autónomo encargado de investigar los delitos y acusar ante los jueces de la república a los presuntos responsables. Tampoco es posible imaginar la lucha contra la corrupción y el auge de la delincuencia organizada sin el liderazgo de la Fiscalía General de la Nación, por esta razón resulta de la mayor importancia para el país que el presidente de la república presente a la Corte Suprema de Justicia, a la mayor brevedad,  la terna de candidatos para el nombramiento de la persona que habrá de suceder a Eduardo Montealegre Lynett.

El nuevo fiscal tendrá como primera tarea recobrar el prestigio y credibilidad del ente acusador, destruidos por cuenta de los escándalos, ampliamente conocidos, en que se vio envuelto el fiscal Montealegre, pero especialmente por la paquidermia, el abuso y la corrupción que han comenzado a carcomer las entrañas mismas de la fiscalía.

Cientos de miles de investigaciones duermen en los anaqueles de los despachos de los fiscales debido a la falta de personal, las capturas de personas inocentes se multiplican de manera escandalosa, así como las denuncias por abuso de poder y corrupción que comprometen a fiscales e investigadores judiciales.

El daño que todo esto ha causado a la reputación de la fiscalía trajo como consecuencia la pérdida de credibilidad y confianza en las decisiones judiciales. Cada vez es más frecuente  escuchar denuncias sobre persecución judicial por razones ideológicas, políticas o en virtud de la existencia de los carteles de falsos testigos que operan desde las cárceles.

Las capturas se realizan en estrecha sincronía con la emisión de los noticieros de mayor audiencia y las personas son mostradas como trofeos de guerra, desconociendo sus derechos constitucionales a la presunción de inocencia y el debido proceso. Los indiciados son sometidos al escarnio y acusados por los altos funcionarios de la fiscalía a través de los micrófonos de los medios de comunicación antes de ser puestos a disposición de los jueces de garantías y no cuenta en lo más mínimo si a las pocas horas son puestos en libertad por falta de evidencias o porque simplemente no son un peligro para la sociedad.

Eduardo Montealgre termina su periodo como fiscal general sumido en un enorme desprestigio profesional y personal y pasará a la historia del país como el peor fiscal que ha tenido Colombia, y eso es mucho que decir, porque hemos tenido un par de antecesores realmente malos.

Consciente de la impunidad de que gozan los altos funcionarios con fuero constitucional, Montealegre actuó como si fuera el fiscal de una república bananera y derrochó el enorme presupuesto de la fiscalía en el nombramiento de “embajadores” y asesores de los asesores,  así como en la creación de direcciones y sub direcciones, en una jugosa nómina de ilustres asesores personales y en un proyecto universitario que resultó un fiasco. Desde luego que no podemos dejar de mencionar los 8 mil y pico de millones de pesos del contrato realizado, de manera directa, con la asesora de sus sueños, institucionales.

El nuevo fiscal deberá trabajar muy duro para conducir a la fiscalía por los cauces de la decencia, la eficiencia y el respeto por los derechos humanos y las garantías individuales de las personas que son objeto de la acción penal.

Públicamente deberá comprometerse a respetar la presunción de inocencia y defender la autonomía de los jueces, así como poner fin a la justicia espectáculo y depurar la entidad de los funcionarios corruptos o arbitrarios.

Necesitamos la fiscalía, pero no convertida en un antro o en una Gestapo, sino como baluarte de un sistema de justicia que enaltezca la noción de Estado Social de Derecho.

El presidente deberá escoger muy bien las personas que habrán de integrar la terna, examinar sus hojas de vida con especial cuidado y abstenerse de postular a quien arroje el menor asomo de duda.

Sobre las huellas de Eduardo Montealegre no queda otro camino que echar sal y evitar que otros las sigan. Pero sobre el futuro de la fiscalía abrigamos la esperanza que sea el mejor y eso depende, en buena parte, de las personas que van a asumir sus riendas en los próximos 4 años.

ADDENDA: Tuve conocimiento de fuente digna de crédito que para los próximos días  se tienen previstas capturas masivas para imputar cargos a más de 50 personas por delitos contra el Derecho Internacional Humanitario. De esta manera Montealegre espera restarle fuerza a las denuncias hechas en su contra en algunos foros internacionales. De nuevo la justicia puesta al servicio de los intereses personales.