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Emergencia social: Río revuelto, ganancia de corruptos

 

Tal vez sea por la modernidad, la rapidez de las comunicaciones o la cada vez más alta esperanza vida de los humanos de hoy, que nos hemos convertido en seres menos planificadores en un entorno cambiante como el actual, a pesar de los avances de las metodologías predictivas y prospectivas que nos enseñan en la academia y que por esta razón, mantenemos pagando a los burócratas ambientales de los diferentes organismos internacionales "sin ánimo de lucro".

En invierno nos inundamos y en verano nos secamos, y es cíclico, y no hay quien tome acción por lo menos a mediano plazo.

Recordando que en 1992 nos dimos cuenta de la fragilidad y la vulnerabilidad que tiene nuestro país para enfrentar los cambios climáticos: bombardeamos nubes, cambiamos la hora, inició el plan energético térmico más grande, etc., de eso, hoy no hay nada.

Entre 2010 y 2012 vivimos una ola invernal de grandes proporciones con la cual se liberaron cuantiosos recursos para realizar las obras de drenaje, protección contra las inundaciones, corrección de causes, etc., de eso, hoy no hay mucho o no se concluyeron los trabajos.

Una vez escuché que Dios era injusto porque los que se inundan y se secan son los más necesitados. Mi respuesta fue inmediata: Dios tiene toda la culpa del mundo, pero no por enviarnos la refrescante y necesaria lluvia o por beneficiarnos con los hermosos rayos solares, Dios es el culpable por haber permitido que mal nacieran los políticos y oportunistas que se enriquecen en estas épocas cuando se liberan los recursos, cuando se declara la emergencia social libre de controles y ojos verificadores. Qué coincidencia, la emergencia social cíclicamente se declara en los departamentos y regiones más corruptas del país.

Propongo que cada vez que se deba declarar una emergencia social se cuestione, y por qué no, se genere una denuncia ciudadana y se condenen a los políticos y funcionarios que la causaron. Porque fenómenos del Niño, Niña, huracanes, avalanchas, etc., son fenómenos que no aparecen en la Ley 80 de contratación, son simplemente fenómenos naturales. Lo que genera los impactos ambientales y sociales son los sin-vergüenzas que se roban el dinero sin ningún pudor, los que esperan con ansiedad que hayan este tipo de situaciones para aparecer con grandes propuestas mentirosas y cajas de dinero en efectivo en las oficinas públicas para que a dedo se les adjudique el contrato.

Gobernadores, Alcaldes, Directores de las Oficinas de Planeación y de las Autoridades Ambientales, deben pagar con su propio bolsillo cuando en su jurisdicción se declara una emergencia social. No tiene perdón que estos sin-vergüenzas sigan robándonos nuestros recursos naturales y económicos a costa del llanto de nuestras comunidades más necesitadas.