Vie, 10/21/2016 - 15:52
Pero volvamos a Jorge Isaacs. Hoy se debate en Cali el traslado de la escultura en mármol de Carrara -uno de los más apreciados y costosos por su pureza y blancura- del CAM al Parque de El Peñón. Todo porque cada día, María, Efraín, el cuervo y Mayo -el perro que era de Efraín pero cuidaba María-, son bañados en la retaguardia por las cálidas agüitas amarillas que emanan de las tersas vejigas de los caleños apurados, que los mean sin piedad.
node
Documental: La Casona del Olvido
Foto Especial para www.90minutos.co

¡Quién lo creyera! A James Rodríguez y a Jorge Isaacs los unen más cosas de las que un desprevenido pueda advertir. Los dos nombres comienzan con la décima letra del alfabeto, que apenas hasta el siglo XVI comenzó a tener valor propio y fue la última en ser incorporada al abecedario, dos siglos después. Los dos son colombianos claro.

A James las letras habladas le salen de a po…po…poco. A Isaacs las escritas, le fluyeron más que la risa. Y que la riqueza, porque a los papás de los dos, les gustaba el chupe, el juego y las mujeres. Y esos tres vicios pelan: la garganta, el bolsillo y al que llora espeso. Y los dos estuvieron de paso en Ibagué, aunque el uno nació en Cúcuta y el otro en Quibdó. El jugador se forjó en Envigado -a donde hizo llevar sus cenizas Isaacs, a Antioquia- y el escritor, en Cali.

Los dos tienen asegurado su lugar en la historia. Pero con los dos el país ha sido injusto. Aunque en breve veremos la estatua del diez en alguna plaza pública. Eso sí, ya no blanqueada por el albo impoluto del Real Madrid, sino por la abundante caca de paloma. Si ya tiene estatua “El Pibe” Valderrama, si al “Tino” Asprilla le hicieron un afiche viringo en la misma posición del pensador de Rodin, si a Yuri Alvear la pusieron como defecando al lado del caballo de carga en la glorieta de Siloé, y si a Santos le dieron el Nobel de Paz por añadirle el blanco al tricolor nacional, en Colombia cualquier cosa puede pasar.

Pero volvamos a Jorge Isaacs. Hoy se debate en Cali el traslado de la escultura en mármol de Carrara -uno de los más apreciados y costosos por su pureza y blancura- del CAM al Parque de El Peñón. Todo porque cada día, María, Efraín, el cuervo y Mayo -el perro que era de Efraín pero cuidaba María-, son bañados en la retaguardia por las cálidas agüitas amarillas que emanan de las tersas vejigas de los caleños apurados, que los mean sin piedad. Y eso que no se puede hacer nada con la escultura, sin permiso del gobierno, porque es Monumento Nacional.

¿Se imaginan que los italianos mearan La Piedad de Miguel Angel? Bueno, les queda más difícil. Está al interior de la Basílica de San Pedro en El Vaticano y allí -todos sabemos- solo pueden hacer sus necesidades los Papas.

Pero es nuestra ciudad, cuya historia oficial asegura que fue Carlos Perea, el escultor de semejante obra, cuando en realidad es del catalán Antonio Parera, uno de los más grandes escultores europeos de la primera mitad del siglo XX. Un Carlos Perea recuerda Colombia. Al “Coroncoro”, un negro monumental que jugó en la selección de Maturana y cuya defensa central tapó con una exuberante pava, Fanny Mickey, cuando lo convenció de empelotarse para promocionar la obra “Yo amo al Shirley”, montada por el Teatro Nacional.

A eso están sometidos nuestros ídolos, nuestros héroes, nuestras figuras, al espectáculo que comienza con adulación -y alguna figuración bizarra-, y por lo regular termina con el escarnio público. “María” está con la nariz partida, los dedos mutilados y sin la rosa que sostenía entre sus manos. Tampoco la que adornaba su frente. Se pudo comprobar que los ladrones, no fueron los miembros de Concejo Municipal que la custodian cada día.

Otras esculturas y bustos hay de Isaacs y de “Efraín y María”. En la hacienda “El Paraíso”, en el Parque Central de Santa Elena, en el cementerio del mismo corregimiento cerriteño, que son visitadas con fruición por ignaros turistas que siguen creyéndose el cuento mal contado de la existencia real de la enamorada pareja.

A La Casona donde murió el escritor en 1895, le está pasando lo mismo. Se está derrumbando antes los ojos de todos, pero sobre todo ante la mirada impávida de los que no pueden hacer nada y de los que no tienen idea siquiera quién fue y qué representa Jorge Isaacs Ferrer para la cultura en general.

El documental “La Casona del Olvido” es un aunado esfuerzo por preservar la memoria colectiva de dos regiones y un país, alrededor de la figura de un hombre muerto hace 121 años, el más grande escritor caleño de todos los tiempos; y de una casa construida hace 200 años, como lugar de paso en el camino del Quindío -que comunicaba al centro con el occidente del país- y que está a punto de derrumbarse, lo que pareciera confirmar que 150 años después de la publicación de “María”, la miseria no cesa de perseguir al último romántico de la nación. Al hombre cuya vida sintetiza todo el espíritu del siglo XIX de una nación en formación.

Un par de comentarios, un par de frases escritas, un par de exclamaciones frente a la magnificencia de las imágenes de la casa en ruinas, hicieron que alguien de la producción me dijera en broma -y con algo  de sorna-, que no es Isaacs el último romántico de la nación. Pero no es romanticismo, fue optimismo lo que me movió. Lo que convirtió un paseo familiar en visita, después en columna, luego en crónica, después en ponencia, más adelante en informe televisivo y ahora en documental. Contar la historia de un lugar que deberíamos salvar entre todos.

Como a James, de ese peso inmenso de salvar a un país que lo crucifica cada que puede, cada que un mal partido o una lesión, nos recuerda que los ídolos son seres humanos.

Nota: La premier del documental “La Casona del Olvido” será el próximo jueves 27 de octubre, en el auditorio Xepia de la Universidad Autónoma de Occidente, a las 10:00 a.m. Entrada libre.