Jue, 09/29/2016 - 14:55
En Cartagena, como representantes -el uno legítimo en democracia y el otro ilegal en insurgencia- los dos líderes firmaron el acuerdo para que dejemos de matarnos entre nacionales. Entre nacionales pobres. Entre muchachos que pertenecen a dos países diferentes.
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Foto Especial para www.90minutos.co

En lo único que coincidieron Santos y Timochenko en Cartagena fue en citar a Gabo y a Gaitán, de resto, cada uno de ellos fue la representación de dos países que cohabitan la vastedad de un territorio del que la mayoría desconoce casi todo. Y los medios de comunicación, fieles a su tradición, reafirmaron ese centralismo distante y dañino que no reconoce ni representa a toda la nación. Sobre todo la televisión. La transmisión del lunes 26 y todo su antes y después, no son un ápice del cubrimiento que se hizo de la X Conferencia de la Farc-Ep. Cada una reflejó un país diferente.

Cualquier imberbe con básica primaria es capaz de señalar Cartagena en el mapa. La Calamarí de nuestros ancestros tiene historia, murallas, turismo, hoteles con muchas estrellas, rolos sofocados por doquier y prostitutas de alta gama. Fácil. Pero para un profesional universitario es un reto mayúsculo encerrar con un marcador los Llanos del Yarí. Ubicados en la intersección de los departamentos de Meta, Caquetá y Guaviare, hacen parte del que Margarita Serje llamara ´El Revés de la nación´ y de ellos supimos solo por las clases macabras de geografía que dictó el conflicto. Son dos países distintos.

Esos dos países coexisten. Las Farc-Ep pudieron realizar su evento en cualquiera de las capitales de los diez departamentos de la Orinoquía y la Amazonía colombianas. Pero no, se decidieron por los Llanos del Yarí. Toda una aventura para periodistas. Horas y horas de viaje. Desde Florencia, lo más cercano al desarrollo. Luego a San Vicente del Caguán y de ahí a lo desconocido. Horas de incomodidades, de necesidades y de sobrecostos. Una botella de agua costaba 10.000 pesos. Un almuerzo 30 mil. Una hora de internet 60 mil. Solo teléfono satelital. Un mosquitero 20 mil. Del trasporte ni hablar, 400 mil. Y así viven y sobreviven miles de nacionales allá. Lo básico convertido en lujo. El país convertido en un mundo diferente.

En Cartagena, como representantes -el uno legítimo en democracia y el otro ilegal en insurgencia- los dos líderes firmaron el acuerdo para que dejemos de matarnos entre nacionales. Entre nacionales pobres. Entre muchachos que pertenecen a dos países diferentes. Un país urbano y el otro rural. Uno vestido de blanco lino y el otro de bota pantanera. Uno de pava y otro de sombrero. Nada nuevo, lo dijo Gaitán hace sesenta años, un país político y un país nacional. La distancia entre los Llanos del Yarí y Cartagena es la misma que hay entre lo ricos y los pobres de Colombia: un abismo.

Al margen del plebiscito, lo que los medios han reflejado son esos dos países. La X Conferencia de la Farc-Ep la cubrieron en la distancia los corresponsales o los enviados especiales y la firma del Acuerdo de paz en Cartagena los directores, las estrellas. Unos fueron a criticar la tarima de la Farc-Ep y el baile de los guerrilleros y los otros a cantar a viva voz el Himno de la alegría. En Cartagena más de un lagarto -me refiero al de Lacoste- fue pinchado por el pin de la paloma; y en los Llanos de Yarí agotados los ponchos, el símbolo fue la estampa de Tirofijo en el pecho de las camisetas. Una zona despejada de árboles y explanada en tierra para montar la tarima en los Llanos del Yarí; y una parte de Cartagena amurallada una vez más con blancas paredes tan impolutas como desmontables. Unos baños públicos portátiles en el Yarí y hoteles de dos millones de pesos la noche en la antigua Calamarí. Bufete allá, corrientazo aquí. Dos mundos y un país.

A Cartagena se llega en carro o en avión. 1.051 km desde Bogotá que se cubren en 19 horas y veinte minutos, si todo va bien. O 663,85 km en línea recta que se hacen en 49 minutos en avión. Eso rezan todo los portales de turismo. A los Llanos del Yarí se llega en Chiva o en helicóptero. O en mula. O en camionetas 4x4 que sortean trochas y barrizales donde el progreso se resbala y estanca. No hay datos en las páginas de viajeros. Se calculan los kilómetros desde Bogotá. 230. 250. 280. No hay energía, ni acueducto, ni alcantarillado, ni nada. Alguien dirá que no hay servicios públicos en la selva. Error. Las 364 mil hectáreas de Los Llanos del Yarí están habitadas por comunidades campesinas e indígenas que huyeron de la violencia partidista e iniciaron el proceso de colonización que amplió la frontera agraria en Colombia. Son dos países desiguales.

A los Llanos del Yarí podía ir el que quisiera, a Cartagena solo el que pudiera. Con puesto asegurado para los invitados. La X Conferencia de las Farc-Ep se cubrió como se ha cubierto la guerra en Colombia cuando los guerrilleros se dejaban ver. Con una morbosidad que raya en la estupidez y el folclorismo. Sin historia y sin contexto. Preguntando obviedades y enalteciendo la pornomiseria. Sin valorar la tradición oral y el lenguaje limitado de quienes no han tenido otra opción. De niños y jóvenes que se hicieron hombres y mujeres metidos en el monte, sin más esperanza que aprender a matar bien para no morirse, ni de hambre, ni de un balazo.

Por eso cuando Santos dijo que la firma del Acuerdo permitiría una segunda oportunidad sobre la tierra para Colombia y Timochenko aludió a las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia, de ´Cien años de soledad´, ratifiqué que la palabra es educación y que el arte trasciende las fronteras que imponen las sociedades. Y que es posible fundir dos mundos en un país posible, para que Jorge Eliécer Gaitán por fin y para siempre, descanse en paz.