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Si va a Brasil y no fala portugués, no monte en buseta

 

A propósito de la Copa Mundial de Fútbol 2014, si usted es una de esas personas afortunadas que van a estar en Brasil por cuenta propia, felicitaciones. Antes de saber cuándo viaja, dónde se hospedará o si ya compró boletas, mi pregunta es ¿voce fala portugués?

Si la respuesta es “sim”, que disfrute el viaje.

Si la respuesta es “no”, pero que “entiende y se hace entender, porque usted habla portuñol”, tenga en cuenta los siguientes consejos:

No todas las palabras que se pronuncian igual que en español, significan lo mismo. A manera de ejemplo, “oficina” significa “taller” y “escritorio” significa “oficina”.

Borracho no es ebrio sino caucho (aunque algunos borrachos parecen de caucho) y los sitios donde reparan llantas se llaman borracherías.

En español, una de las palabras obligadas para agradecer un buen plato es “exquisito”, pero ni se le ocurra decirlo en Brasil si no quiere recibir miradas acusadoras. En portugués, exquisito es raro, excéntrico (y se escribe esquisito).

Durante uno de mis viajes al Brasil haciendo reportería para el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) me topé con un colono en una gigantesca hacienda del estado de Minas Gerais.

Él y su familia (todos rubios ojiclaros) me recibieron con afecto, y en medio de la charla intenté hacerle un cumplido a una preciosa chiquilla de cuatro años.

“Es muy bella”, dije.

“Nooo”, respondió el padre. “Es uma menina”.

Desconcertado recurrí a mi diccionario de bolsillo y comprendí que el señor me entendió “velha”, que significa vieja.

Una amiga se fue a estudiar un posgrado a Brasilia y en el primer viaje en autobús se escandalizó por el lenguaje liberado de las mujeres brasileñas. “Me ruboricé al escuchar a una chica, que iba en el puesto de adelante, decirle a su novio: Me pican los pelos de la cuca. Cuando a mí me ocurre eso, yo no se lo cuento a nadie”, dijo ofendida. Después supo que “cuca” es sinónimo de “cabeza”.

Para mis amigos colombianos, va esta advertencia. No vayan a preguntar por un paradero de busetas (ómnibus pequeño) y menos dónde puede coger una de ellas. Si se lo pregunta a una dama, puede recibir una cachetada, si se lo pregunta a un hombre es posible que le dé las indicaciones necesarias para llegar allá, pero le advierten que deberá tomar un taxi y que aliste dinero porque las “bucetas” en Brasil (con c) son costosas. Y aquí va una palabra para que siga enriqueciendo su léxico de portuñol: Buceta, en el argot popular, significa vagina y por extensión, prostituta.

De ahí el entusiasmo de un grupo de ingenieros agrónomos brasileños que llegaron al CIAT, en su sede en Palmira, Valle del Cauca, Colombia, a una capacitación y el encargado de transporte les preguntó:

¿Cuántos son ustedes?

-Seis.

Entonces necesitan una buseta...

No, respondió el jefe de la delegación. Necesitamos seis “bucetas”, una para cada uno.

Este tipo de palabras que de un idioma a otro se escriben igual, se pronuncian igual pero tienen significados diferentes, se les conoce como “falsos amigos” (sabio el que las bautizó así) y casi todas encierran un potencial riesgo para quedar como un zapato.

La buena noticia es que ya están advertidos de estos “falsos amigos” y no está de sobra que, diccionario en mano, empiecen a ejercitar su léxico antes del viaje. La mala noticia es que son más de 300 los “falsos amigos” que conviven entre el portugués y el español (385 para ser más exactos).

Este viaje a Brasil, sin embargo, será diferente para todos, porque si bien estarán presentes todas las lenguas del mundo, la barrera idiomática se superará por un lenguaje común: el fútbol. A gozar el espectáculo y que gane el mejor.

 

Eduardo Figueroa Cabrera (efigueroac@hotmail.com )

Twitter: @figueroacabrera

Blog: A,B.C… Dando http://http://efigueroacabrera.wordpress.com/

“Si va a Brasil y no fala portugués, no monte en buseta” es el nuevo tema de mi blog.  http://tinyurl.com/o2lpsfv