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La mala ortografía puede ser peligrosa

 

La noticia me pareció curiosa por su origen y las terribles consecuencias para los protagonistas. Y todo se debió a un supuesto error de ortografía.

El epicentro fue Santafé de Bogotá y los protagonistas, el propietario de un restaurante popular, quien ahora está en la cárcel, y un pintor de brocha gorda, que sigue recuperándose en un hospital.

La historia comenzó cuando el dueño del restaurante contrató a un muchacho para que le pintara el local y le elaborara el aviso de un restaurante que iba a inaugurar en un sector comercial del centro de la capital colombiana.

Los trabajos se hicieron dentro del plazo estipulado. El muchacho pintó de blanco las paredes y después se esmeró en el diseño del letrero con el nombre que le había solicitado el cliente, escrito en rojo.

Cuando el pintor fue a reportar su obra y a reclamar el dinero, el dueño del negocio se sorprendió al ver que el aviso tenía un error de ortografía e hizo el reclamo.

-“Le dije que el restaurante se va a llamar Vanessa y usted escribió Banesa”, dijo en tono airado el cliente.

-“Los nombres no tienen ortografía”, respondió con pasmosa tranquilidad el pintor, tratando de esquivar la responsabilidad. Y agregó: “Con la V chiquita o con la B grande suena lo mismo”.

-“Me corrige ese letrero ya, o no le pago”, amenazó el cliente.

La siguiente escena tuvo como escenario la sala de urgencias de un hospital, donde fue llevado el pintor tras ser quemado con ácido por el iracundo dueño del restaurante.

-“Como el tipo dijo que no me iba a pagar nada, y como yo ya había pintado las paredes, se las manché de rojo con la pintura sobrante del letrero”, denunció el pintor.

¿Y cómo lo atacó?, preguntó el policía que atendió el caso.

“Estaba recogiendo mis utensilios cuando sentí un ardor en la cabeza, el cuello, la espalda... ese tipo me arrojó un disolvente de pintura y no pude esquivarlo”.

El agresor fue llevado ante un juez, quien ordenó su detención en la cárcel “por representar un peligro para la sociedad”. El pintor sigue recuperándose de las quemaduras, y en un rincón del local no inaugurado, yace el aviso que dice Restaurante Banesa, a la espera de que alguien lo corrija o que alguien lo exhiba.

Epílogo: El pintor tiene razón para alegar que los nombres propios no tienen ortografía, pero quien los vaya a transcribir está en la obligación de averiguar con la persona interesada cómo escribe ella su nombre y, para asuntos legales, debe ser exacto al que aparece en los documentos oficiales de identificación.

Curiosamente, en esta historia no aparecen los nombres de los protagonistas, porque temo escribirlos mal y pagar las consecuencias.

 

Eduardo Figueroa Cabrera (efigueroac@hotmail.com)

Twitter: @figueroacabrera

Blog: A,B.C… Dando (http://efigueroacabrera.wordpress.com)