Vie, 05/15/2015 - 12:18
Mientras los pensamientos y las palabras positivas protegen el sistema inmune y fortalecen la salud; los pensamientos y palabras negativas, vulneran la respuesta inmune y llevan a la enfermedad. 
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Si el ejercicio físico moldea el cuerpo, las palabras son las que moldean el cerebro. Toda expresión hablada, positiva o negativa, produce una descarga emocional en el cerebro.

Cada pensamiento hecho palabra transita través del torrente sanguíneo, por medio de unas sustancias químicas llamadas neuropéptidos, que se localizan en el linfocito, y están íntimamente ligados con la respuesta inmune. Si pensamos y hablamos mal, sentimos mal, y llevamos consecuencias.

Mientras los pensamientos, como las palabras positivas nos protegen el sistema inmune y fortalecen nuestra salud; los pensamientos y palabras negativas, vulneran la respuesta inmune y nos llevan a la enfermedad.

Si estás leyendo y entendiendo esto, es hora de revisar tu actitud y en adelante piensa que no debes hablar sin medir las consecuencias.

Los malpensados, los que se ufanan en la crítica negativa, los que se ocupan de “mirar el pelo en la sopa”, son más propensos de desarrollar problemas cardíacos, asma, dolores osteoarticulares, diabetes, alteraciones endocrinas, problemas en la piel e incluso obesidad y sobrepeso.

Hay una reacción en cadena: los pensamientos negativos conducen a palabras negativas, que son descargas tóxicas transformadas en ansiedad, irritabilidad, depresión y estrés.

Hay una diferencia grande entre quien felicita al compañero que acaba de comprar su automóvil: “Guauuu…está hermoso, mira qué nave te has comprado”. A aquel que le dice: “Guauuu…está hermoso…pero ojo que es muy tragador de gasolina”. El primero trasmite optimismo o buena vibra. El segundo lleva la espina. Y la espina daña. 

“Debemos tener responsabilidad de lo pensamos y lo que decimos, pues afecta nuestra vida y la de aquellos que nos rodean “, decía la doctora Sandra Losada, de Medicina, Mente y Cuerpo, en la conferencia, del “Programa de Educación Comunitaria”, del Centro Médico Imbanaco.

Del pensamiento a la palabra, los especialistas recomiendan el ejercicio de “programar” nuestro cerebro. Como se hace con la computadora para asegurar que al ingresar a su sistema tengamos la mejor información para usos futuros.

Lo ideal sería crear pensamientos positivos para moldear nuestras acciones, para mirar el universo en todos sus colores, para lograr aquello que queremos alcanzar: superar un problema, un reto, un examen exitoso. Mejorar nuestro nivel de vida, incluso, superar una enfermedad, una crisis de pareja o bajar de peso.

Según la doctora Losada, las palabras no se las lleva el viento, pues son las responsables de marcar y determinar nuestro destino: “Si quieres asumir la responsabilidad de tu vida, tienes que asumir la responsabilidad de tus palabras”, subraya citando a Guillermo Villa Ríos, motivador y conferencista.

“En la comunicación usamos las palabras y es muy importante tener en cuenta la ´intensión´, pues ésta es la que determina por completo el resultado de la información”, advertía la médica de Medicina, Mente y Cuerpo.

Un estudio llevado a cabo en Buenos Aires, Argentina, decía que al teléfono se puede identificar el estado de ánimo del interlocutor. Sin necesidad de ver a la persona, por el tono de voz se puede establecer con certeza, si hay enfado, enojo, soberbia, intranquilidad o inconformidad. Incluso, si no es feliz en su trabajo.

En este orden de ideas, estudios clínicos demuestran que las palabras habladas son responsables del 7% del mansaje que trasmitimos, el restante 93% es el lenguaje no-verbal. De este último, el 55% se basa en lo que los demás ven a través de nuestro cuerpo (lenguaje corporal), y el otro 38% es el tono (tonito) de la voz.

Por ejemplo, cada palabra o frase con connotación negativa, el cuerpo reacciona poniéndose a la defensiva, en especial cuando le agrega a la pronunciación un tono y un modo ´rudo´ o ´pesimista´.

Por el contrario, una palabra positiva, que incluye el “sí”, hace fluir por el organismo una sensación de alivio y relajación.

La forma de pensar, sentir y actuar es la base del rendimiento de cada persona. Controlar y conocer lo que se dice puede ayudar a manejar pensamientos, sentimientos y acciones. A ser más positivos en la vida y a ser capaces de lograr los objetivos. De ayudar a los demás. Y de ser exitosos y triunfar.

 “Debemos tener la responsabilidad de lo que pensamos y lo que decimos, pues afecta nuestra vida y la de aquellos que nos rodean”, exhortaba la médica.

Y hay algo más que se suma a este fenómeno de los pensamientos y las palabras. Resulta que cerca del 80% de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y sobre el agua hay un vasto poder de las palabras y los pensamientos, traducidos en emociones.

En 1994, el doctor, Masaru Emoto, en su libro: “Los mensajes ocultos del agua”, cuenta cómo todo el universo está compuesto por átomos rodeados por electrones y protones, que generan unas vibraciones, que emanan un campo eléctrico. Los pensamientos y las emociones tienen vibraciones de energía que modifican la estructura molecular del agua.

En pruebas de laboratorio tomaron muestras de agua de diferentes fuentes. Luego de congelarlas y fotografiarlas, las observaron en el microscopio. Los resultados fueron sorprendentes: el agua que fue expuesta a diferentes estímulos de pensamientos y palabras o música, daban como resultados formas de cristales diversos.

Los pensamientos, las palabras, la música y los estímulos positivos daban cristales bellos y hexagonales, mientras que los pensamientos, las palabras y la música, negativos, daban cristales turbios y distorsionados.   

Si está científicamente comprobado que el agua cambia bioquímicamente dependiendo del entorno en que se encuentre, pues más aún en nosotros que somos aguas vivas”, enfatizaba la médica de Medicina, Mente y Cuerpo.

“Tenemos que responsabilizarnos y respetarnos con todo aquello que pensamos y decimos de nosotros mismos y de los demás. Una vida basada en sentimientos y emociones positivas es capaz de equilibrar la perfecta armonía entre la salud física, salud mental y salud espiritual”, decía la especialista. 

Estudios con imágenes de resonancia magnética han diferenciado las señales que envía el cerebro al conectarse con el lenguaje: la hormona del estrés, conocida como cortisol, se libera de inmediato y nos pone en alerta máxima cuando el cerebro detecta un “no”. La dopamina, la hormona del bienestar, fluye con un “sí”.

El poder de las palabras se refleja en quienes nos rodean y, sobre todo, en nosotros mismos. Porque cada uno de los vocablos que pronunciamos definirá en gran medida nuestro comportamiento. Y es sobre este fenómeno y sobre estas reacciones que trabajan los especialistas en neurolingüística.

Con el tiempo han ido desarrollando y perfeccionando este tipo de terapias que buscan mejorar la vida personal, profesional, física y espiritual con solo controlar “lo que decimos.”

La introspección, a través del pensamiento, deberá ser, entonces, la herramienta que nos permita corregir vicios erróneos de la manera de hablar y de expresarnos. Por lo tanto es importante darnos tiempo y en un diálogo interior conocernos, modificar los hábitos de pensamientos y palabras negativas que afectan nuestra salud.   

Recordar que con la repetición de las palabras estamos creando “programas mentales” a nivel de la mente subconsciente (dirigida por el hemisferio derecho). Estos programas ya instaurados, a través de un estímuloexterno del orden visual, auditivo o sensorial, envían a la mente consiente (dirigida por el hemisferio izquierdo), las imágenes y sonidos, anteriormente procesados, que se traducen en “pensamientos”  que de inmediato generan “sentimientos”.

Es decir, que las palabras y los pensamientos nos llevan a un camino de salud o enfermedad, todo depende de nuestros programas mentales.

Tengo que saber que mi cerebro no funciona con lo que yo quiero, sino con lo que yo le ordeno. Entonces, si mis palabras dan una orden errada, mi inconsciente así lo cree y lo asume, por ejemplo: ¿Cómo estás? Y la otra persona responde: “ahí fregado, como cuando usted era pobre”, o “en la lucha, más enfermo”, etc. Luego nos preguntamos: ¿porque será que no salimos de los problemas y de la enfermedad?

“Entonces – enfatiza la médica:- si quieres ser pobre, declárate pobre, y si quieres ser rico, proclámate rico. Si quieres estar enfermo ríndete con tu actitud y tus palabras. Si quieres estar sano, cambia tu manera de actuar y de pensar. La solución está dentro de ti.”

“Si trabajamos inteligentemente en lo que pensamos y decimos, podemos conseguir lo que necesitamos, así que ´honra tus pensamientos y palabras y te honrarás a ti mismo´”.

En cosas tan sencillas, y a la vez tan complejas, quizá esté el origen de nuestros problemas. Es hora de actuar: modera tus pensamientos y tus palabras. ¡Por tu salud y por tu bienestar!